Esta noche he visto un espectáculo sublime, una reivindicación de poder en el escenario que ha elevado el título de «Reina del Rock» a la tercera potencia. Una reina nacida en la huerta y amamantada por ovejas negras de Utah. Una revelación ante cientos de espectadores que, según entendí después, iban a ver otra cosa y se encontraron con la Stevie Nicks de Murcia; una predicadora sexy vestida de encajes y botas de tacón de aguja; una fiera del escenario que, en comunión con unos grandes músicos, nos llevó de la mano al infierno más estremecedor del rock.
Con una voz salida de lo más profundo del Oeste americano, pero gestada en nuestra tierra, y un carisma indiscutible, atrapó al público desde las primeras notas que salieron de su endiablada garganta. Como un camaleón, se fue transformando en una Freddie Mercury rabiosa, en un Robert Plant fresco y femenino y en la diosa del rock, Tina Turner. Sin miedo y sin complejos, una Ruth valiente y sincera demostró anoche que ser mujer y mayor de cuarenta años no te impide hacer lo que llevas dentro; solo hay que sacarlo y confiar en que lo que haces es lo correcto.
Desprendió unas vibraciones abrumadoras que llegaron sin pausa hasta la otra punta del local donde yo estaba, machacando la idea preconcebida que todos llevábamos en mente antes de que saliera al escenario y dijera: "From Murcia to the world", paseando por "The House of the Rising Sun" y dándonos de beber reminiscencias del rock del bueno, de otras épocas. La guitarra lloraba porque sabía que tu voz la consolaba, el bajo aullaba para reivindicar su dominio y la batería aplastaba el local, sacándonos de la nostalgia que nos aplacaba con un órgano setentero. Danzando en la lluvia, cual cherokee en el desierto de Arizona, una Ruth desinhibida y brutal demostró que otra diosa del rock ha bajado a la tierra.
Sara Soler López
24/04/26
Brutal!
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