Un día para no olvidar
Querido diario:
Regreso con ganas de hablarte, pero mi día ha sido caótico y poco productivo. Ha estado lleno de vaivenes y discusiones sin sentido, como si una mano misteriosa moviera los hilos de nuestras vidas a su antojo. Sin criterio, sin albedrío; un día de la vida para olvidar, como muchos otros.
Aunque el de hoy ha arrastrado consecuencias y desalientos que afectan a la vida misma: te apartan de personas y, quizá, te acercan a otras que estaban atascadas en un limbo egoísta y pendenciero. Los días te van acercando y alejando de personas como una autovía sin final, en la que, en cada salida, te esperan un desafío y un desenlace incierto.
Desilusiones con personas, con decisiones y, sobre todo, ansiedad. Una ansiedad contagiada por mis ancestros, inmersos en una vida de miedos e inseguridades que, generación tras generación, se han ido quedando en mi ADN y resulta imposible borrar. El ser madre, hija, esposa y hermana conlleva alegrías, sí; pero también una serie de disgustos y sinsabores que hacen de los días insulsos y normales —como el de hoy— un día para olvidar.
O sí... quizá lo recuerde por ser el día en el que rompí con cosas que sobrecargaban mi mochila y no hacían ninguna falta. Gracias, querido diario, por estar ahí y ayudarme a desahogar mi garganta antes de que explote en mil pedazos y se esparza por el mundo mi verdad.
Al final, todo se soluciona por sí solo, sin forzar y sin manipular. Hay que dejar que todo fluya y aceptar las consecuencias de lo que venga con fuerza, con valentía y, sobre todo, con amor y confianza. Aprenderé a vivir sin ansiedad y con valor para afrontar la vida.
Sara Soler López.
No hay comentarios:
Publicar un comentario