La
ruta del infierno
(Grupo
de WhatsApp: FRIENDS)
—Hola
chicas, hoy salgo temprano de ruta y no os voy a ver para el desayuno
dominguero, pero antes tengo que contaros algo. Me han metido en un
grupo de WhatsApp muy extraño; no sé el motivo, pero al ver la
notificación se me han acelerado las pulsaciones. Se llama «La ruta
del infierno». He pensado que podría ser la asociación de
senderismo de la que estuve hablando hace poco con los del curro
pero, al comprobar los integrantes, no había nadie que conociera.
Estaba a punto de salirme del grupo cuando, por fin, han metido a
Mireia de contabilidad y ya me he quedado más tranquila. Han hecho
una quedada esta mañana a las 08:00 h y, como llevo estas vacaciones
un sedentarismo brutal, me he apuntado. Voy de camino a la ubicación
que han puesto y espero llegar a tiempo; son las 07:45 h y llego
tarde, en mi línea...
—Hola,
@Mari. Pásalo bien, pero ten cuidado, ya que te recuerdo que en la
última ruta te lesionaste el hombro al resbalarte en el río. ¡No
te pierdes una, reina! No llegues tarde o te dejarán en tierra.
—Buenos
días, petarda. ¿Quién es Mireia de contabilidad? Nunca has hablado
de ella, no me suena. Pero bueno, ten cuidado, que como te ha dicho
Silvia, no te vayas a caer otra vez en un río y tengamos un susto.
Ya nos cuentas; a ver si repetís la ruta de los acantilados, que yo
no pude ir y habéis contado cosas tan bonitas que estoy deseando ir.
¡¡¡Disfruta!!!
—¡Hasta
luego, Maricarmen! ¿Te llevas comida? Que en los acantilados te
llevaste una ensalada y casi te da un jamacuco del hambre que tenías
a las cuatro de la tarde. ¿Adónde vas? ¿La ruta del infierno? Eso
está por la zona norte de Alicante; tiene bastante dificultad esa
ruta, ve con ojo. Besos, guapa. @Yesica, ¿no estarás enfadada
todavía con Mari, no? Ella fue sincera contigo y te destapó al
cretino de tu novio, que ya se la había querido cepillar dos veces.
—Chicas,
no preocuparos, todo bien con Yesica; ya hablé anoche con ella y
todo arreglado. Respecto a la ruta, sí, es cerca de Alcoy. Nos
recogen con una furgo de doce plazas y volvemos después del
atardecer; por cierto, han comentado que no hay otro igual en la
Comunidad Valenciana. Las fotos que han subido son impresionantes.
¿Recordáis en la de los acantilados el amanecer? Aquellos irreales
colores del cielo, el sol saliendo del mar como si estuviera naciendo
de las profundidades de la tierra, el olor a arena mojada y a sal...
La suave brisa nos golpeaba la cara mientras escuchábamos en el
altavoz chill
out ibicenco
del bueno, que contrastaba con el húmedo golpe de las olas en las
rocas. ¡Qué experiencia! ¡Qué faena que te lo perdieras, Lauri!
Fue algo irrepetible. Estoy llegando al punto de encuentro y, de
momento, no veo a nadie; seré la primera por primera vez en mi
vida... ¡Os voy contando!
—Sí,
en cuanto estés en la furgo manda fotos del paisaje.
(Unos
minutos más tarde...)
—Chicas,
ha venido el de la furgo, pero no hay nadie más. Voy a ver qué
pasa, ahora os digo.
—¿Estás
sola?
—El
conductor dice que tenemos que recoger a los demás en otros pueblos;
yo acabo de enterarme de esto. Voy a ver quién es el admin del grupo
y le pregunto por privado. Esto me huele un poco mal, la verdad...
Sí, Lauri, estoy aquí sola con el tipo este y tiene una mala cara
que no me gusta un pelo.
—Oye,
¿por qué no nos mandas el número de matrícula?
—No
seas exagerada, Laura, la vas a asustar. ¿Ha llegado ya algún
miembro más del grupo?
—Chicas,
ya he hablado con el admin y está todo ok. Me subo a la furgo, os
voy contando conforme vayamos recogiendo a más compis. ¡Ciao!
—No
me da buena espina todo esto, Mari. Activa la ubicación de tu móvil
y mándanos la matrícula. Besos.
—Chicas...
Siento deciros que algo no va bien. La furgoneta va a toda velocidad
y no puedo ver nada del exterior; están todos los cristales tintados
y la cabina está separada con un panel negro. No hay nada de luz
aquí dentro. Creo que me he metido en un lío, estoy muy asustada.
No puedo compartir la ubicación, no funciona. Llevamos ya media hora
de viaje y no ha parado a recoger a nadie; no quiero ponerme en lo
peor, pero pinta mal. Si veis que no doy señales de vida, llamad a
la policía. No he apuntado la matrícula, pero la furgoneta es negra
con cristales tintados y el conductor lleva una gorra amarilla y
gafas de sol de esas tipo ciclista. Decía llamarse Miguel.
—Hola
a todas. Sí, el conductor se llama Miguel. Mari, no va a recoger a
ningún compañero más. De hecho, los de tu curro no saben nada al
respecto de ese grupo ni de esa ruta. Solo vas a ir tú. Vas a
disfrutar como nunca de una experiencia sensorial donde tus sentidos
se agudizarán al máximo. Por ejemplo, el olfato: olerás el
sibilino miedo acercarse afilado a tu garganta. Tacto: sentirás el
frío acero rasgando tu cuello, dejando escapar el caliente flujo de
sangre emanando de tu cuerpo. Gusto: saborearás la traición como un
pesado combustible que avivará tus llamas más internas dejándote
sin aliento. Vista: lo verás todo con los ojos bien abiertos y las
pupilas pegadas con pegamento; así no podrás quitar la vista del
precioso atardecer. Y, por último, el oído: todo ocurrirá mientras
escuchas los audios de tus fieles amigas relatando cómo quedabas con
mi novio mientras yo trabajaba o atendía a mi madre moribunda.
Además, tendrás el privilegio de escucharte jadeando en los audios
que le mandabas a Jorge para ponerlo cachondo, incitándolo a quedar.
Será una ruta inolvidable. ¡Disfruta!
—¿De
qué estás hablando, @Yesica? No estamos para bromas; esto es grave,
no sabemos dónde está Mari. Y ella no ha hecho nada con tu novio.
—Laura,
yo se lo conté a Yesica. Sabe toda la verdad, no hace falta que
mientas; ya está al tanto de todo.
—Pero,
¿os habéis vuelto locas?
—Laura,
le hemos mandado todos los audios y mensajes que Mari mandó al grupo
de «Friends sin la petarda». Ha visto las fotos subidas de tono que
le mandaba a Jorge y las que él le mandaba en respuesta. Ha
escuchado los audios en los cuales relataba cómo lo devoraba con la
mirada mientras Yesica estaba distraída. Ha visto todos los mensajes
que tenía en el móvil calentando el ambiente y convenciendo a Jorge
de que Yesica no era buena para él, contando mentiras sobre ella,
sobre que cada fin de semana se enrollaba con uno... Plasmando en
Jorge montones de inseguridades sobre su relación con Yesica. Sobre
todo, los audios insinuantes que día tras día le mandaba jadeando
mientras se masturbaba pensando en él. Lo ha visto y escuchado todo.
Además, Jorge ha confesado y está arrepentido de haberse dejado
embaucar por Mari.
—Yesica,
estás perdida. No vas a poder salir de esta.
—Chicas,
no sé qué decir. Solo acabad con esto ya; hablamos y lo
solucionamos todo. Tengo mucho miedo, la furgoneta ha parado y todo
está muy oscuro. Tengo miedo de que el tal Miguel abra la puerta, no
oigo nada... Escucho pasos ahora. No quiero perderos; os quiero,
perdonadme por todo. He sido una cretina insensible. Antes de que me
saquen de aquí y no vuelva a veros jamás, quiero deciros algo: a
todos y cada uno de vuestros novios he intentado seducirlos; he
medido el deseo y el amor que os tenían con las ganas y las veces
que cedían a mis insinuaciones. Sí, me he enrollado con todos.
Desde que teníamos quince años he sido el plan B de vuestros
novios, pero no podía permitir que os hicieran daño y os los
quitaba de encima demostrando que no eran buenos. Lo he hecho siempre
por vosotras. Si nunca más os veo, os diré también que cada vez
que he ido a vuestras casas os he robado ropa, perfumes y joyas sin
que os dierais cuenta. Sí, ¿cuando os faltaba algo y os volvíais
locas buscando? Me lo había llevado yo. Debo confesar que esto lo
hacía por envidia, porque teníais siempre cosas bonitas y yo no. He
tenido que buscarme la vida sola y utilizar las pocas herramientas
que la naturaleza me ha dado para poder subsistir. Pero no pensé que
os estaba haciendo daño; solo cogía vuestras sobras. Ya abren la
puerta de la furgoneta... Una última cosa, Yesi: el día que
falleció tu madre dejaste las pastillas a la vista de cualquiera que
entrara a tu casa. En la caja ponía: "Media para dolor fuerte".
Mientras fuiste al baño, le di cinco pastillas; dejó de quejarse y
al fin descansó. Confieso que tu madre me caía bien, pero me
escuchó hablando con Jorge y no quería que sufriera más por mi
culpa. Espero que cuando encuentren mi cuerpo y le den sepultura, os
vea en mi entierro como las amigas que siempre fuisteis, aunque yo no
os correspondiera igual».
—Mari,
Miguel no va a matarte. Es policía y, por si no te has dado cuenta,
es el sexto miembro del grupo. Teníamos sospechas de los robos que
habías cometido en nuestras casas, pero es que acabas de confesar
las infidelidades y el asesinato de la madre de Yesica. Vas a ir a la
cárcel; eres una asesina. Jódete.
—Chicas,
era todo una broma. ¿Os lo habéis creído? Si Jorge y todos
vuestros novios eran unos capullos... y la madre de Yesi estaba más
muerta que viva. Lo de robaros, ¡broma también!
—Púdrete
en el infierno, Mari.
—A la mierda, zorra.
—Que te
follen.
—Ojalá te arranquen el pelo en la cárcel.
—Soy
Miguel, ya la he detenido. Tengo su móvil y pruebas suficientes para
meterla en la trena una larga temporada. Gracias por vuestra ayuda.
Mari
salió del grupo.
Fin
Sara
Soler López