Era un hombre que vivía sin sueños.
Sus sueños habían sido pisoteados desde pequeño.
Le arrebataron la infancia de un plumazo un frío día de enero, cuando asesinaron a su madre delante de él.
Miguel, el que decía ser su padre la mató y justo después se quitó la vida ante los ojos del pequeño Arturo.
Eso le había marcado su existencia, y cada rasgo que veía en el que pudiera parecerse a Miguel, lo detestaba.
Sabía que su final estaba cerca, sabía que llevaba los genes de ese monstruo y que tarde o temprano cometería un error que lo llevaría a la tumba o a la cárcel.
Arturo no sé permitía tener sueños, ni amar, ni que lo amaran. En su interior sabía que no merecía la vida que había tenido.
Una fría mañana cualquiera del mes de Enero, decidió que acabaría con su agonía y se reencontraría con su madre. Sin titubear, se metió el frio acero del revolver en la boca y apretó el gatillo.
Nadie preguntó por el, nadie notó su ausencia.
Simplemente se fue.
Fin
Sara Soler López
Este relato me ha conmovido y me ha hecho pensar en que depende en qué familia naces, tú futuro está escrito
ResponderEliminarGracias. Si,esa era la intención.
EliminarTransmite con crudeza la pérdida de la inocencia y el peso del destino. Me ha dado un sentimiento muy triste.
ResponderEliminarDescribes muy bien lo que desafortunadamente sigue pasando hoy en día 😢
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