jueves, 16 de abril de 2026

Reto 1 16/04/26


Respira. “Solo tienes que cruzar ese pasillo y todo habrá terminado para ti”... Resonaba en mi cabeza. El sonido sordo de los chispeantes neones, no presagiaba nada bueno. Un intrigante tintineo se escuchaba a lo lejos; otra razón por la que no avanzar por el enjuto pasillo. Pero sabía que no tendría otra oportunidad: me lo jugaba todo a una sola carta.

Mis manos, temblorosas por el miedo, no me servirían para mucho en esas condiciones, debía estar muy atenta a todo lo que había a su alrededor, ya que, si me desviaba un solo milímetro, estaría muerta. El angosto pasillo podía ser otra ilusión como las anteriores; estaba lleno de vegetación, con un riachuelo que cruzaba por el centro y unas estrechas y enjutas riberas que hacían las veces de camino y terrario para reptiles. Debía ser rápida, precisa y estar lo más calmada posible.

Ya llegaba mi turno. Miré a mi alrededor, ya solo quedaban dos personas tras de mi, y de las cinco anteriores, no sabía que había sido.

Cada vez que uno de los participantes se disponía a cruzar, todas las luces se apagaban, y en el más oscuro silencio, avanzaban sin piedad hacia su destino. No se escuchaban gritos; no se intuía nada.

Ya se habían encendido las luces para mi; ahora debía prepararme. En unos minutos estaría a salvo o quizá no, pero de una manera o de otra, todo habría terminado. Las luces se apagaron y cogí aire. El sudor frio me caía por los ojos, por lo que decidí cerrarlos y centrarme en el camino que había memorizado.


Si mis cálculos no fallaban, en seis zancadas por las piedras del riachuelo podría llegar sin problema; eso si, si las piedras no escondían ningún secreto...


Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Junté los pies en un ultimo salto y me dejé caer donde debería estar el final del pasillo: la orilla norte del riachuelo.


Escuché un impacto sordo al momento en el que mis pies tocaron suelo firme; me sentí orgullosa, lo había conseguido. Había cruzado el pasillo y seguía estando viva.

Mi mente ya anticipaba el calor y la luz del sol, recordando los cálidos días que anhelaba desde que estaba allí dentro. Mis ojos se empezaban a abrir despacio para acostumbrarse al exterior, pero empecé a sentir un leve mareo; una sutil punzada de dolor en la frente, que, sin saber por qué, rezumaba un espeso liquido caliente. No terminé de abrir los ojos, me quedé allí, estática, comprendiendo al fin que todo había terminado para mi; vislumbrando el recuerdo, de aquellas palabras en la cara infame del miedo.


Fin.

Sara Soler López.

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Reto 1 16/04/26

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