El fuerte viento se cebaba contra mi, me daba en la cara, me azotaba el pelo contra mi cuello helado.
Las puntas de los dedos de los pies descalzos, estaban quemándose por la fricción que me ocasionaba la roca caliza.
No escuchaba mas que el grito sordo del viento en mis oídos y a mi conciencia diciéndome que todas las decisiones que había tomado ese día, estaban teniendo las consecuencias esperadas.
Hacía rato que no me sentía los dedos de las manos. El entumecimiento era tal, que de codos para abajo no sentía nada.
Desperté con un sudor frio que me heló los huesos, otra vez había soñado con ella, no podía quitar la imagen de mi mente, me acompañaba desde aquel fatídico día, en el que la vida se me complicó.
Ella era buena persona, pero tenía un fondo oscuro y avaricioso que la hacía querer tener todo lo de los demás.
Hoy era el día del juicio en mi contra. Me habían acusado de ladrona, que sabrán ellos de mi.
Todo son falsos testimonios, no tienen ninguna prueba contra mi y no van a poder demostrar nada, nunca, jamás.
Yo soy un agujero más en el sistema, quieren que confiese que robé a Sofia, pero eso nunca va a pasar, si ellos supieran... Nunca se me hubiera ocurrido algo semejante y dejar pruebas que me implicaran, estaría loca. Y no estoy loca, ni soy una ladrona, nunca he cogido nada que no fuera mio.
Nunca me han pillado robando. Dijo Itzi.
¿“Sabe usted que hay una gran diferencia entre decir “Nunca me han pillado robando” y decir, “nunca he robado”? ¿ Cual de las dos opciones sería correcto decir. Según usted, en su caso? Dijo el Fiscal.
Señoría, desde que era pequeña, mis padres han trabajado incansablemente han luchado muy duro, han perdido, han ganado, llorado y sufrido lo indecible, para sacarnos adelante a mis hermanos y a mi. Nunca he sentido la necesidad de apropiarme de algo que no fuera mio, en mi casa tenía todo lo que necesitaba.
¿Y alguna vez se ha apropiado de algo que a priori fuera suyo, pero luego perteneciera a otra persona? Apuntó de nuevo el fiscal.
Lo mio, es mio y siempre lo será. Si alguien se lleva algo mío yo voy y lo cojo, sin mas.
Pero usted sabe que eso sería robar... Insistía el fiscal.
Señoría, no tengo nada mas que decir.
Por consejo de mi abogado cerré la boca y no dije nada más. Pero avanzaba el juicio y como en un sueño, en mi mente solo aparecía la cara de Sofia agarrada a mi, suplicando por su vida.
Rogando que no le soltara la mano, negociando y ofreciendo todo lo que tenía para que la ayudara a subir. Yo estaba casi al borde del precipicio también, pero podía haberla subido sin mucho esfuerzo.
La mano me quemaba, yo intentaba que no se notara mi angustia. Pero la sala estaba llena y yo no podía disimular, Sofía suplicaba por su vida y yo no paraba de sudar.
“¿Estarán escuchando sus gritos?”
Todos los asistentes de la sala me estaban mirando, yo seguía sudando y quitándome capas de ropa, era obvio que los demás también la escuchaban, porque me miraban con cara acusadora.
Esa mañana vi a Sofía por la calle tan contenta como siempre y presumiendo de haber comprado un reloj. Ese reloj pertenecía a mi madre, estaba segura. Ella siempre me decía;
“Itzi, este reloj será para ti cuando yo muera.
“Si!!! Yo la solté, yo la dejé caer por el precipicio. Fui yo la que le quité el reloj de mi madre de su muñeca. Ella no tenía derecho a tenerlo, me pertenecía a mi.
Le empujé y le arranqué el reloj de la muñeca, pero ella se aferró a mi mano y me arrastraba tras ella por el precipicio. Tuve que soltarla.
La escuche gritar y caer. El golpe seco contra el suelo me confirmó que estaba muerta, nadie podía sobrevivir a esa caída.
Cogí el reloj y cuando fui a ponérmelo comprendí que no era el de mi madre, pero ahora ya eso no importaba.”
Fin.
Sara Soler López.
1/12/25
Me encanta. No tengo más que decir Señoría
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