viernes, 14 de noviembre de 2025

La llamada. Canciones en el olvido

Elena miraba a calada de un cigarro.

Elena miraba, a través de los finos visillos de la ventana, la humedad de la calle y el calor de la habitación, que los delgados cristales. Elena estaba sola y él no la recordaba...

Ella sentía que su piel se erizaba y sus ojos se humedecían al escuchar los primeros acordes de su canción. Esa canción que siempre los había unido y que siempre se ponía para ahogar las penas en alcohol.

La sucesión de notas melódicas y arpegio de los violines iban al unísono de sus lágrimas. Su corazón latía despacio, fruto de la embriaguez y del exceso de nicotina.

Los restos de whisky y tabaco llenaban la habitación de un olor dulzón a melancolía. El olor que transmite la desesperación del amor olvidado.

En sus manos, Elena sostenía un vaso medio vacío de Jack Daniels, que giraba incansablemente aspirando la última calada de un cigarro.

Sentía que estaba acabada, sus pies descalzos tocaban levemente el sucio y frío suelo. Sentada en la cama, sólo había acertado a quitarse los zapatos y esparcirlos de una patada al otro lado de la habitación. Ni siquiera se había fijado en las sucias sabanas, ni en los restos de vómito que había en el suelo cerca de sus pies.

Apagó el cigarro en el cenicero de la mesita, buscó el número en la agenda del móvil, respiró profundamente y le dio a llamar...

Sonó un tono... el vacío... dos tonos... la nada.

Sonaban huecos y lejanos, como si la línea telefónica supiera que al otro lado jamás respondería nadie.

Tres tonos, cuatro... tragó saliva y bebió del vaso lentamente, saboreando el trago más áspero de su vida.

Un mensaje sonó al otro lado de la línea. No quería ni escuchar lo que la operadora iba a decir, pero, en su interior, seguía teniendo un rayo de esperanza.

“El numero al que llama está apagado o fuera de cobertura...”.

Tiró el móvil al suelo, acertó a coger los zapatos y el bolso para salir en su búsqueda; llovía mucho y estaba oscuro. Se calzó los Laboutin que él le había regalado hacía años... Tantos años como hacía que no lo veía. El tiempo que estuvieron juntos fueron felices, ingenuos y ajenos a todo lo que se les venía encima.

Elena sabía a donde debía dirigirse, pero no tenía ni idea de que iba a hacer al llegar allí.

Estaba lista, e iba con toda la artillería pesada. Seguía teniendo la belleza de la que él se había enamorado y, pese a los años que habían pasado, estaba segura de que él seguía amándola, aunque no la recordara.

“!Maldita enfermedad!”, pensó ella.

Notaba cómo de sus manos se escapaba toda la energía y ya no podía contenerse más. Ahora o nunca, quizá mañana, podría arrepentirse... porque puede que él ya no estuviera.

Fin

Sara Soler López

3 comentarios:

  1. Me encanta, está tan detallada que puedes sentir su desesperación.

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  2. Es que me meto en el personaje y siento su angustia de lo bien relatado que está, enhorabuena

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  3. Me ha emocionado y espero que llegue y se encuentren aunque él no la recuerde

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