miércoles, 12 de noviembre de 2025

Incidente en el camino del Pantano.

 




Son las 8;35 de la mañana y el bus llega tarde…

Está allí, lo se. En la carta que me mandó Guadalupe, lo deja bastante claro.

“El sol se filtra por el agua cristalina y refleja destellos verdes de las algas autóctonas, con reflejos naranjas de las carpas mas grandes que haya visto jamás.” Es una gran pista que me llevará a encontrarla.

El pantano está a 20 minutos andando de la parada del bus, no puedo esperar mucho más.

Hoy, si o si, tengo que subirme a ese autobús.

Aquí está el bus, el mismo conductor de siempre, y yo, encabronado porque el bus va bastante lleno y en la parada somos mas de 15 personas, no puedo quedarme fuera y esperar al siguiente, tengo que subirme a este sea como sea.

Hay dos viejas a las que tengo que dejar pasar, una preñada gordisima y una mujer con un niño en brazos que lleva la silleta plegada a cuestas. Esas también tienen prioridad.

Lo malo es que hay gente que llegó antes que yo a la parada y con esos voy a tener que pelearme.

Se ha abierto la puerta del bus y se han agolpado todos para ir subiendo y pasando la tarjeta.

Me pongo al lado de la chica del bebé y le agarro la silleta para ayudarla a subir, me voy a colar descaradamente haciendo de buen samaritano, pero o subo o subo. 

La chica ha pensado que le iba a robar el bolso que iba acoplado a la silleta… Me ha empujado la muy desagradecida, encima que la quería ayudar.

Se ha puesto a gritar y me han sacado a patadas de la parada.

El conductor se ha marchado con todos los pasajeros arriba del bus, excepto yo.


Este chico me está dando mala espina, no para de mirarnos a mi hijo y a mi.

Lleva mala cara, o no ha dormido o va borracho, o quizá algo peor.

Está desesperado, se le nota porque no para de mirar el reloj cada pocos segundos.

Va bastante desaliñado y sucio, probablemente quiera robar algo dentro del bus. Ya me ha fichado el bolso donde llevo la recaudación para ingresarla en el banco.

Yo creo que los demás también se han dado cuenta porque todos se están apartando de el y  no para de mirarnos. A nosotros y a la chica embarazada que está a mi lado, no nos quita ojo.

A las señoras mayores las tiene fichadas también.

Por fin llega el bus y está intentando ponerse a mi lado, pero este no sabe con quien se va a meter.

Sabía yo, que me quería robar el desgraciado este. Ha intentado quitarme el bolso y la silleta de Pedro, pero al empujarlo se ha caído al suelo.

La gente se ha cebado con el un poco y lo han pateado a varios metros de la parada.

El conductor se ha dado cuenta y ha cerrado las puertas sin darle opción a subir.


Todos los días las mismas caras esperando a que llegue.

El chico desquiciado que nunca consigue coger el autobús, tremendo loco. Hace unos días una señora me contó que todos los días, lo deja una furgoneta en la parada a las 07;00 de la mañana y lo vuelven a recoger a las 14;00 sin que el haya conseguido subirse a ningún autobús.

La señora del turbante, que cada día va a quimioterapia sola, sin nadie que la acompañe o le coja de la mano mientras recibe ese esperanzador veneno.

La mujer embarazada que ya estará de 30 semanas o más, que una vez por semana coge esta linea para ir a la clínica a hacerse el chequeo rutinario.

En fin, la misma gente con sus problemas, calentamientos de cabeza, inmersos en sus monótonas vidas, siempre mirando el móvil o con las gafas de sol y auriculares.


Hoy también está esperando el autobús una cara nueva, una chica joven con su bebé en brazos. Va bastante cargada, a lo mejor necesitará ayuda. Tiene cara de angustia, entre el peso del bebé y de la silleta estará exhausta.

Hoy, como todos los días, el chico desquiciado está liando una escena.

Que pena, tan joven y ya con tantos problemas psicológicos. No sé que le pasa, pero siempre se queda en tierra.

Míralo ya ha intentado cogerle el bolso a la chica del bebé, y otra vez cierro la puerta antes de que suba.

Ahí se queda el muchacho otra vez..

Fin

Sara Soler López




2 comentarios:

  1. Un relato muy de la vida cotidiana y la rutina de ver siempre lo mismo y no percatarnos lo que pasa a nuestro alrededor

    ResponderEliminar

No me llames Dolores llamame Lola... Cuento de Loli

 Mi via va pa´lante si estás solo conmigo... Sara conducía su Nissan Micra por las calles de Alicante, mientras cantaba esa canción que la h...