No podía parar de temblar, mi cuerpo convulsionaba al ritmo de los latidos de mi corazón.
Hacía años que no lo veía y sólo ver su imagen en ese espejo, mi cuerpo estaba sintiendo turbulencias.
Todos los recuerdos de aquella tarde vinieron a mi mente y por supuesto volví a saborear
ese olor dulzón a sexo furtivo, pan caliente y bollos rellenos de chocolate.
Volver a los 20 años recién cumplidos, con la inocencia intacta y recordar la emoción de
verlo por primera vez, esa mirada profunda que se clavó directamente en mi impoluto
vestido blanco a la altura de mi prístino escote.
Esa tarde jamás hubiera imaginado que el escaparate de una panadería me llevaría a sentir
el mal llamado amor a primera vista, ya que para mí fue amor al primer aroma, y por lo
tanto el encuentro sexual más vibrante de mi vida.
Conocí al hombre que me rompería el corazón, se lo comería ante mis ojos, mientras yo
babeaba frente a él.
Eran las siete de la tarde, estaba cansada del trabajo y tenía hambre. Ese escaparate tenía
unos bollos recién horneados aún humeantes con el espeso chocolate rebosando por las
grietas.
Entré sin pensar y ahí estaba él, solo tras el mostrador. Le dije que quería un bollo de los
del escaparate y él me pidió a cambio mi número de teléfono. No sabía qué me apetecía
más, si el bollo o el panadero.
Con el corazón en la boca le di el número en un susurro, lo apuntó rápidamente y salió del
mostrador para cerrar la puerta con llave.
Mi corazón seguía latiendo como la batería de un grupo de rock y, al pasar por mi lado de
nuevo, agarró mi mano y me llevó hacia el obrador. Sin hablar, sin pensar, sólo dejándonos
llevar por el arrebato, por el deseo, acabamos besándonos como dos tigres despedazando la
carne de su presa. En cuestión de segundos nos estábamos desnudando a tirones,
queríamos meternos el uno dentro del otro, fundirnos como el oro a más de mil grados. Y
nos unimos en una danza conceptual al ritmo de nuestros gemidos y gritos. El tiempo se
detuvo, fueron los minutos más memorables de mi vida.
Me fui de allí con mi bollo, con la esperanza de que me llamara, pero nunca lo hizo.
Volví a buscarlo a la panadería. Le dejé recados, pero nunca más volví a verlo.
He pensado en el cada minuto a lo largo de estos 30 años que han transcurrido desde aquel
encuentro furtivo y ahora lo veo aquí reflejado en este espejo, mirándome como aquel día,
mirando mi pulcro vestido blanco y mi ya maduro escote. Él sigue teniendo ese encanto
que me enamoró. No sé qué ocurrirá a partir de ahora, pero mis pasos ya me guían hacia
mi destino.
Fin.
Muy interesante y sensual😏
ResponderEliminarGracias.
ResponderEliminarEste relato me ha atrapado desde el principio. La forma en que está escrito hace que uno se imagine perfectamente cada escena.
ResponderEliminarMe encanta la forma como relatas, haces que me meta en la historia y me enganche para seguir leyendo
ResponderEliminarSoberanamente cautivadora y que engancha esa forma de escribir y describir las situaciones, creo que es un diamante que hay que descubrir porque tiene muchísimo talento.
ResponderEliminarGracias!!!
Eliminar¡Enhorabuena por tu blog!
ResponderEliminarEl relato me ha gustado mucho y me ha parecido muy seductor. Me ha encantado el párrafo donde la protagonista vuelve a los 20 años no solo a recordar, sino también a sentir esa emoción de la primera vez.
Sigue escribiendo.
Gracias!!!
ResponderEliminarMuy sensual
ResponderEliminarSe volverán a ver???
ResponderEliminarNunca se sabe...
Eliminar