miércoles, 18 de marzo de 2026

Ejercicio al estilo Monterroso.

 La perla.

En una lejana granja uno de los cerdos encontró una gran y legitima perla en el

lodazal, decidió no comerla ni pisotearla, en su lugar, consciente de su valor la

lavó hasta verla reluciente y la colocó sobre una piedra para que todos pudieran

admirar su pureza y belleza. Los demás cerdos conmovidos por el gesto, dejaron

de gruñir y revolcarse por el barro y empezaron a tener respeto por lo ajeno. El

dueño de la granja al ver que sus cerdos no se peleaban y que el corral estaba

limpio con una pulcritud casi humana, decidió que era pecado mandarlos al

matadero.

Esa misma noche mientras el granjero dormía con la conciencia tranquila por su

nueva ética vegetariana, el cerdo de la perla se acercó a la joya, la tragó de un

bocado no por hambre ni por gula, si no por asegurarse de que nadie mas pudiera

ser tan bueno como el, no sin antes haber encontrado su propia perla.

A la mañana siguiente, el grajero amaneció con un hambre atroz y al ver que el

corral volvía a estar sucio y los cerdos eran otra vez cerdos, comprendió que la

virtud era un lujo demasiado caro para el desayuno.

Fin. Sara Soler López

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