jueves, 15 de enero de 2026

Suzanne y el dragón dorado

 PRÓLOGO

Narra la historia de una reina guerrera con su gran y fiel

compañero, que pese a no tener nada a lo que aferrarse, se

embarcan en una aventura de supervivencia extrema para llegar

a un lugar en el que los únicos supervivientes son la realeza a la

que ellos pertenecen.

Allí espera encontrar a su gran amor, su pequeña y valerosa hija,

la Princesa Rachelle.

Suzanne... Era una de las supervivientes a una gran catástrofe

mundial. Reina indiscutible de un extinto reino, en el cual mostró

su valía como mujer y como monarca, respetando las normas,

pero mostrando la valía de las mujeres al mundo. Cuando el rey

desapareció para no volver, tuvo que tomar las riendas y

renunciar a muchas cosas para sobrevivir.

Ahora, sin nada que perder, con mucha fuerza y valor. Buscará

un futuro mejor para los pocos que quedan en este mundo.

Su gran amigo Badi, un dragón dorado, valiente y fiel seguidor

de la reina, la acompañará en su viaje a sabiendas de que podría

ser el ultimo.

Sara Soler.

03/12/24

Voy a escalar

La torre Picasso

Como un titan

Sin miedo al fracaso

Esquivaré los disparos, la metralla

las balas y el fuego

para mirarte, uh, uh

A los ojos de nuevo.

Lucen las bengalas

viajamos hoy de madrugada

Ni llantos ni palabras

Redbull, memoria y mucha agua.

Mañana en la mañana

Madrid despertará en llamas

Fruto de esta rabia y de esta juventud

que ahora me falta

Voy a subir a lo alto

Levantaré tus brazos

y gritaremos juntos

"Hay que parar el mundo"

El plan está claro, quemar la torre picasso

El plan está claro, quemar la torre picasso

Hermanas y hermanos, quemar la torre Picasso

Hermanas y hermanos, quemar la torre Picasso

Arde Bogotá

La nada...

Ese sonido sordo, en el que no se escucha ningún ruido, pero la

espesa inquietud grita y se hace notar.

Ese miedo a abrir los ojos y no ver lo que antes habitaba frente a

mi. Esa sensación de que el vacío se cierne bajo mis pies.

Esa urgencia irracional por respirar de nuevo que me hace

boquear como un pez, pero no recibo oxigeno en los pulmones.

La nada...

¿Estaré muerta?, ¿puedo moverme?, ¿estoy sola?...

Badi... Ese dragón cabezota... ¿Estará a mi lado?

Sin poder abrir los ojos por el miedo, ni querer moverme,

consigo abrir una mano, moverla un poco a mi alrededor.

No toco nada... estiro un poco más la mano, pero no hay nada,

nada otra vez...

Reúno todo el valor que puedo tener en esos momentos y abro

un poco los ojos.

Una blanca y espesa niebla no me deja ver a mas de unos

centímetros de mi nariz, la luz intensa tampoco ayuda mucho.

Intento agudizar los sentidos para poder escuchar algo, alguna

respiración, algún movimiento, algún sonido que me indique que

no estoy sola.

Es imposible ver algo, como puedo, intento incorporarme

despacio, tocando poco a poco todo el suelo a mi alrededor.

Lo noto mojado y fangoso, pero parece estable.

Consigo ponerme en pie, intentando mantenerme estable, ya

que mi cuerpo tiembla sin control.

Noto algo caliente en mi vientre y se que no es nada bueno.

Me toco y miro la mano... Sangre, estoy herida, pero no me

siento mal, solo un poco temblorosa...

Sigo andando despacio, alargando los brazos como protección

para no chocar con nada. Realmente no se donde estoy.

Hacía unas horas estaba volando a lomos de Badi, mi fiel dragón,

pero un gran estruendo nos hizo caer y todo se volvió negro.

Parecía como si la tierra se hubiera partido en dos, dejando el

cielo a un lado y el mar al otro.

Un cataclismo nunca experimentado en la edad moderna.

– Badi... ¿Me oyes?, ¿estas ahí?

– Dragón precioso, si me estas escuchando haz algún ruido.

Mi voz sonaba temblorosa y sin aliento, pero aun así creo que

Badi me había escuchado.

Un golpe sordo hizo rebotar el suelo que pisaba.

– Badi

– Da otro golpe que pueda seguir el sonido.

– Badi, venga amigo, vamos.

– No puedo encontrarte si no haces mas ruido.

Otro golpe sordo se escuchaba más cerca, otro más y otro.

Mientras seguía avanzando iba escuchando los golpes y gruñidos

de mi querido amigo.

Badi, mitad dragón, mitad perro, podía volar y ladrar, pero hacía

unos meses había librado una batalla y cada vez que escupía

fuego perdía su ladrido.

Por eso nos dirigíamos volando a buscar a un medico hechicero

que me habían dicho podía curarlo. Pero el gran cataclismo nos

impidió llegar hasta allí.

Si no conseguía encontrarlo podría morir, no estaba

acostumbrado a estar mucho tiempo sin mi.

La soledad lo debilitaba.

Me acercaba cada vez mas a los golpes y gruñidos. Sabía que

estaba herido, porque si no ya hubiera venido corriendo a mi

lado, estaba herido o atrapado, algo debía pasarle.

De repente toqué su suave pelaje dorado y por fin pude llenar

los pulmones de aire. Estaba con mi querido amigo por fin.

Badi estaba herido al igual que yo. Pero me acurruqué a su lado

para poder darnos calor. Debíamos esperar que la niebla se

disipara un poco para poder ver algo. Así no conseguíamos ni

vernos cara a cara. Como pude localicé las heridas de Badi y

rasgue mi traje para poder taparlas un poco. Mientras le hablaba

noté su respiración mas pausada y supe que se había dormido

en paz y tranquilo.

Debía aprovechar para curarlo con mi poder de sanación, pero

no conseguía ver mi runa Berkana, que es la que me daba el

poder de creer en mi misma y en mis capacidades.

Sin pensar, la dibuje en el aire de manera ascendente y soplé

tres veces al mismo tiempo que decía su nombre.

– Berkana, fuuuuuhhhh

– Berkana, fuuuhhhhh

– Berkana, fuuuhhhhh

La runa se dibujo en la espesa niebla y abrió un poco la visión, la

luz cegadora bajó la intensidad y conseguí ver una especie de

bosque de abedules.

Miré a Badi, que por fin podía ver su silueta y poco a poco se me

acostumbró la vista a la nueva luz.

Mis manos se iluminaron y las posé en el lomo de Badi. Todo mi

amor y belleza interior se unieron para curar la fealdad y maldad

de las heridas de mi amigo. Lo amaba tanto que se curó en

cuestión de segundos.

Sabía que no podría hacerlo muchas mas veces, ya habíamos

librado muchas batallas juntos y lo había salvado muchas veces,

pero mi poder no era ilimitado, llegaría el día que Badi se

marchara para siempre.

La naturaleza no perdona y sin que podamos evitarlo a todos nos

llega el momento de partir.

Pero de momento, estábamos juntos y ya sentía como Badi se

despertaba.

– Badi, me escuchas?

– Badi, mueve el rabo si me oyes.

– Badi...

Poco a poco mi valiente y fiel dragón abrió los ojos y enseguida

me miró fijamente, bajó la cabeza en señal de agradecimiento y

se puso en pie. Lamió mi herida y me indicó con un movimiento

de cola que estaba bien.

– Vamos Badi.

– Tenemos que salir de aquí.

Me subí a su lomo y echamos a volar, íbamos despacio y con

mucha cautela, ya que la visibilidad era muy nula. No se veía

ningún signo de humanos, ni vida de ningún tipo, además casi

todo lo que conseguía ver a lo lejos parecía agua. Debía haber

habido un maremoto o algún tsunami, porque no había apenas

tierra firme.

Llegamos a un claro del bosque y aterrizamos. Alrededor solo

había inmensidad...

– Badi, no veo nada de vida.

– Debemos de haber sobrevivido por los pelos.

Badi asentía con la cabeza para darme la razón, pero en sus ojos

no veía nada de miedo ni cobardía por lo tanto eso a mi me

hacía sentirme mas fuerte.

Mi niña... Mis ojos se llenaron de lagrimas en un segundo. Mi

querida hija, la niña de mis ojos. La personita que un día me

colmó la vida de amor y me hizo completarme como mujer, me

hizo madre, amiga y confidente.

La princesa Rachelle...

Desde muy pequeña sabía que quería ser independiente y volar

por si misma. Había estudiado con los mejores profesores y sabía

de muchas cosas, pero sobre todo, sabía mucho del mar, su gran

pasión.

Me había prometido que volvería en un año, pero ya habían

pasado dos y desde su torre de cristal en medio del océano, se

comunicaba conmigo telepaticamente, me tranquilizaba, me

decía que quedaba poco para que volviera, pero yo sabía que

necesitaba estar allí y la apoyaba sin presiones para que volviera.

Teníamos una gran conexión mental desde que nació, gracias a

eso, siempre estaba tranquila cuando estaba fuera.

Pero ahora no conseguía sentir el cordón umbilical que las unía.

Debía concentrarse más y pensar en ella para poder conectar.

Estaba siendo difícil, pero debía seguir intentándolo.

Mientras Badi descansaba un poco, me senté en el suelo con las

piernas cruzadas y brazos extendidos.

Cerré los ojos, respiré tan profundamente como pude y mantuve

el aire en mis pulmones durante unos segundos, exhalé despacio

e intenté abrir mi corazón para llegar hasta mi hija.

No parecía funcionar, necesitaba hacerlo con más fuerza antes de

usar mi runa Berkana otra vez. Si la volvía a usar, corría el riesgo

de perderle para siempre, aunque me quedaba una opción...

Me volví a concentrar, cerré los ojos de nuevo, alcé la mano

derecha y dibujé en sentido ascendente la runa, tenía que

visualizarla en mi mente, hacerla consciente y tridimensional,

cogerla y cerrar la mano con ella dentro. Y aquí estaba...

Había conseguido materializar mi runa por primera vez.

Me quité el cordón que llevaba al cuello e introduje la runa

dentro y me lo volví al colgar al cuello.

Ahora si, empecé a notar su latido, su respiración, como siempre

desde que la llevé en mi vientre por primera vez. Estaba viva,

pero me necesitaba.

La runa nos guiaría a Badi y a mi hacia la princesa Rachelle.

Ya me quemaba el pecho, era tan intensa la energía que estaba

muy caliente, pero no dolía, era una quemadura que podía

soportar.

– Rachelle aguanta, vamos a por ti.

Como un rayo, Badi se incorporó y me subí de un salto a su

lomo.

Cogí el colgante entre mis manos y cerré los ojos.

Badi empezó a volar rápidamente como un rayo. Nada mas

veíamos agua, agua y más agua.

Era inexplicable como un mundo tan bonito y maravilloso, como

el planeta tierra se había convertido en un océano.

Probablemente solo había quedado sin agua uno de los picos

mas altos del mundo que es donde nos encontrábamos Badi y yo

y por eso habíamos sobrevivido.

Sin mirar atrás avanzábamos por la espesura del océano mas

grande jamas visto. Pasábamos territorios que hacía pocas horas

eran grandes ciudades y ahora estaban bajo del agua.

Torres de grandes rascacielos que apenas sobresalían unos pocos

metros del agua, antenas de telecomunicaciones asomando sus

picos, cantidades abismales de enseres flotando en el agua...

Todo era un caos tremendo, dudaba de que hubieran mas

supervivientes a parte de nosotros.

Yo solo pensaba en mi princesa, ¿estaría a salvo? La runa me

indicaba que estaba viva, pero que me necesitaba y eso era raro,

porque Rachelle, había sacado mis dotes de guerrera y rara era

la vez que me había necesitado. Pero estaba segura de que algo

le ocurría.

Agarraba el colgante de la runa para hacerle llegar mi presencia,

para que supiera que iba de camino a buscarla y estuviera mas

tranquila, pero la runa aun estaba un poco débil después de

haber curado a Badi, necesitaba coger mas fuerza. Estaba muy

concentrada en mis pensamientos para darle poder, pero aun así

debía dejarle un poco mas de tiempo.

Badi iba mas rápido que nunca, era rápido, pero ahora era

sobrenatural. Íbamos mas rápidos que un rayo.

Rachelle era su familia también, la había visto crecer y había

estado ahí siempre para el.

Llevábamos varias horas de viaje y ya empezaba a notar la fatiga

de Badi, teníamos que buscar un sitio para que pudiera

descansar.

A lo lejos vimos un gran barco semi hundido, eso nos serviría

para un rato. Así que toqué la oreja derecha a Badi y supo que

hacer.

Aterrizó suavemente encima del barco y a los pocos segundos se

durmió, estaba exhausto y yo tenía que descansar un poco

también.

A los pocos minutos empecé a escuchar voces, no sabía de

donde venían pero me sobrevino una gran incertidumbre.

El gran carguero en el que estábamos tenía casi todo el casco

hundido, pero una parte que era donde estábamos, estaba

suspendida en el aire y había una gran escotilla cerrada. Los

ruidos y voces venían de ahí.

Intenté abrirla como pude, pero estaba demasiado atascada, con

todas mis fuerzas y una palanca que encontré por ahí conseguí

abrirla.

Un fuerte calor y humo empezó a salir del agujero y gente

subiendo por la escalinata de la escotilla, gritaban de miedo y

alivio. Ayudé a los que pude a salir e intentaba pararlos para que

no cayeran al mar ya que el barco estaba inclinado.

De repente por el cambio de presión el barco empezó a hundirse

un poco más y sin darme tiempo a reaccionar no podía llegar

hasta Badi que estaba durmiendo profundamente.

– Badi!!!!!!!!!!!!

– Badi!!!!!!!!!!!!

– Badi!!!! despierta!!!! vamos despierta!!!!

Badi caía sin remedio al agua y yo resbalaba sin poder agarrarme

a nada, las personas que habían salido de la escotilla caían al

agua si no conseguían agarrarse a nada.

Mi corazón latía a mil por hora y no sabía que hacer, conseguí

agarrarme a algo y cuando pensaba que iba a perder a Badi

definitivamente, alzó sus alas de dragón y me engancho al vuelo

y salimos de allí a escasos centímetros del agua.

– Badi!!!! dormilón!!!, casi no salimos vivos de esta!!!!

– Te quiero mucho Badi, eres mi gran fortaleza en la vida.

– Gracias amigo por salvarme.

De repente la runa empezó a quemarme el pecho otra vez y supe

que por fin había recuperado su fuerza. Necesitaba su ayuda

para recuperar el valor y la confianza en mi misma.

Tenía que tener todas mis fuerzas a tope para poder llegar hasta

Rachelle, hubiera que hacer lo que hiciera falta, lucharé,

escalaré, saltaré ríos, mares, traspasaré incendios, todo lo que

haga falta por ella, pero también por Badi y eso el lo sabía.

No me había dado tiempo a ayudar a ninguna de las personas

que habían en el barco, irremediablemente no siempre puedo ser

una súper guerrera. Tenía el corazón encogido por la pena, pero

debía llegar a la torre cristal a por Rachelle.

Nos estábamos acercando al territorio de Cristal y estaba

empezando a llover muy fuerte y entre eso y la espesa niebla

casi no veíamos nada.

Sin verlo venir, un choque frontal con algo muy grande y veloz

nos hizo caer al inmenso mar.

Badi me agarró en el aire casi con medio cuerpo dentro del agua

y me volvió a subir a su lomo.

Nunca habíamos llegado tan lejos en ese territorio, pero Rachelle

en sus comunicaciones me dijo que era muy peligroso porque

había un gran monstruo asesino custodiando el valle y aunque

ahora era todo mar, probablemente era el con lo que habíamos

chocado.

Badi iba veloz pero con miedo, algo furioso nos seguía muy de

cerca y teníamos que encontrar algún sitio para poder

escondernos para verlas venir. Visualicé a lo lejos un pequeño

montículo que parecía ser la torre de una antigua iglesia en la

cima de la montaña, indiqué a Badi.

– Badi, dirígete a aquella torre. Allí nos resguardaremos

para ver que clase de monstruo nos sigue y saber como

podemos vencerlo. No nos quedan muchas fuerzas y

estamos empapados.

Badi sin pestañear se dirigió veloz al lugar.

Aterrizamos en una torre muy tenebrosa, desde lejos parecía

pequeña, pero al llegar nos dimos cuenta que la extensión era

bastante grande y con muchas salas, oscuras y sombrías.

Manchas negras y viscosas, recubrían todas las paredes y suelos

Creo que nos habíamos metido directamente en la guarida de la

bestia, no pude avisar a Badi...

Todo pasó muy rápido, no hubiera tenido oportunidad de actuar

aunque hubiera tenido fuerzas para defenderlo, pero un golpe

mortal sobrevino a Badi que en las tinieblas no pudo ni ver de

donde le había venido. Cayó al suelo sin sentido y con una

expresión de vacío que nunca había visto en el.

Ese asesino no tenía piedad ni miramientos, en un abrir y cerrar

de ojos salió del agua y de un zarpazo liquidó las pocas

esperanzas que me quedaban en la vida.

Nunca hubiera imaginado que tal aberración pudiera existir. Pero

sin embargo ahí estaba, mirándome con cara de asco, como si la

raza humana fuera un despojo que hubiera que desechar.

Mis manos estaban paralizadas, no pude tocar mi runa, ni para

salvar a Badi, ni para coger fuerzas para luchar por mi vida.

Todo mi cuerpo chocó contra la pared del golpe. Mis huesos

sonaron como un jarrón de porcelana al caer al suelo. Algo

caliente salía por mi boca, me había reventado. No tenía nada

que hacer contra ese animal aniquilador. Me agarró del cuello y

me lanzó otra vez contra el suelo y perdí el sentido...

Necesito despertar, mi reina me necesita...

Tengo que ayudarla, no puedo dejarla sola, ella confía en mi y

sufriría mucho si me pierde.

– Vamos perro flaco, despierta.

– Tienes que mover el culo hasta ella.

– Vamos!!!!!!

– vamos cobarde, muévete y despierta. No puedes dejarla

en la estacada, estará en peligro. Vamos pulgoso!!!!

Mueve el culo!!!!

– ella te quiere mucho, vamos...

Mi consciencia me despertó a empujones y vi a mi reina en el

suelo llena de sangre y moribunda. No pude controlar la rabia y

frustración y sentí una fuerza infernal en mi interior... Mi lado

draconiano salió a la luz sin avisar y miré al monstruo a la cara.

En un intento de sacarme del juego para seguir aniquilando a mi

reina, levantó sus garras y vino hacía a mi. Lo tenía a tiro y no

podía fallar. Cogí todo el aire que pude y solté mi fuego...

Lo calciné en cuestión de segundos y empecé a sentir el

cansancio extremo que me causaba el escupir fuego, poco a

poco y como pude llegué hasta Suzanne y me acurruqué a su

lado para poder descansar...

Abrí los ojos muy despacio, me quemaban las retinas con el sol

abrasador, no recordaba muy bien donde estaba ni que había

pasado. Miré a mi alrededor intentando situarme un poco, había

mucha claridad, parecía estar en una azotea en medio del

océano... El agua... vale, ya iba recordando un poco...

Habíamos sufrido una inundación... Rachelle... tenía que ir a

salvarla con Badi...

– Badi!!! Badíiii, ¿donde estas Badi?

Lo noté a mi lado, durmiendo plácidamente, estaba un poco

magullado y con su dorado pelaje manchado de sangre.

Me alarmé un poco, pero en seguida me dí cuenta que la sangre

era mía. Como siempre Badi, se había puesto tan cerca de mi

que se había manchado con mis heridas.

Conseguí levantarme no sin notar que tenía algún hueso de la

pierna roto, la pierna me dolía horrores y no podía andar. La runa

estaba ardiendo en mi pecho, la toqué y me dejé sanar... Acabé

levitando y notando mi interior lleno de paz. Pero en seguida la

inquietud me invadió, Rachelle...

– Vamos Badi, tenemos que irnos de aquí ya, casi estamos

cerca de Rachelle y nos necesita, cariño, vamos.

Pero Badi, no se movía. Supe que había derrotado el solo a la

bestia asesina con su lado de dragón escupiendo fuego, pero

cada vez que ese lado salía Badi sufría las consecuencias y se

quedaba sin voz y sin fuerzas.

Me quité el colgante de la runa del cuello y lo pasé por su

cabeza, tenía que hacer efecto. Debíamos salir inmediatamente

de ahí, no sabía si la bestia había sobrevivido y podría volver a

atacarlos, aunque la oscuridad de aquel sitio parecía haber

desaparecido y no había rastro de aquel monstruo.

En pocos segundos Badi se despertó, su lado perruno afloraba

muy fuerte cada vez que lo curaba con la runa, pero en esta

ocasión se me tiró encima a lamerme la cara como un cachorrito

que acaba de ver a su mamá después de unos minutos

separados.

El gran Badi, me rodeaba dando saltos y lamiendo mi cabeza,

estaba pletórico de alegría. Noté su entusiasmo y fuerza y sin

pensarlo me subí a su lomo y emprendimos el ultimo viaje para

llegar a Rachelle.

Estábamos pletóricos y había salido el sol, todo indicaba que las

cosas nos iban a salir bien. Teníamos que llegar a nuestra

felicidad, aunque el viaje esté siendo largo y bastante peligroso,

merecerá la pena por ver a la princesa.

Volábamos por encima de las nubes para evitar mas sustos y

aunque el cielo estaba despejado, queríamos evitar mojarnos por

la lluvia, Badi no debía sufrir mas y además no le gustaba estar

mojado.

Ya empezábamos a ver la torre de cristal y noté el entusiasmo en

Badi, aunque temía que algo malo le hubiera pasado a Rachelle,

porque hacía rato que no notaba la Runa, aunque podía ser que

estuviera descargada después de curarnos.

Llegamos cerca de la torre y descendimos hasta el suelo, no

podíamos acceder por aire, ya que la torre no tenía puertas ni

ventanas arriba, solo había un estrecho pasadizo al que se

accedía desde abajo. Menos mal que la entrada no estaba tapada

por el agua.

Accedí como pude yo sola, porque Badi no cabía y subí por las

angostas y vertiginosas escaleras de cristal.

Al llegar no vi a nadie, pero no parecía que el lugar estuviera

abandonado.

– RACHELLE!!!

– ¿Estas aquí? Mi niña, soy mamá. Badi y yo estamos vivos.

– ¿Donde estas?

– He notado tus llamadas, ¿estas aquí?

– Rachelle, cariño, Badi nos espera abajo, tenemos que salir

de aquí, sal de donde estés.

La inquietud me invadió de nuevo y el corazón me latía muy

fuerte, empecé a escuchar voces y a sentir como caía como en

una pesadilla en la que no puedes despertar y sientes que caes

por un precipicio... Ladridos y voces inundaban mi mente pero no

conseguía diferenciar de donde venían y si eran sueño o realidad.

Notaba humedad en la cara y mi cuerpo se movía como si tiraran

de el... Susana... Susana... despierta Susana....

Abrí los ojos y Badi estaba encima de mi lamiendo mi cara...

– Pero Badi, no eres un perro dragón, eres normal.

– Badi, como has subido hasta aquí.

– ¿Y esas voces?

– Badi? Estas raro...

Susana!!!! te quieres despertar dormilona!!! pero que sueño mas

profundo tienes!!

– Pero chicas!!! ¿que hacéis aquí en mi casa?

– ¿En tu casa?, estamos en el hotel thalasia para

celebrar tu cumpleaños.

– Que bebió esta anoche.

– A mi no me preguntéis dijo Bienve, yo estaba durmiendo a

las 20.30. Preguntale a Yolanda que ella seguro llevaba

sidra de su cesta de navidad en la maleta.

– ¿YO?? Pero que tonterías decís. Seguro que la Inma le

trajo tequila.

– Anda ya!!! la del tequila es Bea, dijo Inma.

– Si hombre, para una vez que no traigo tequila me vais a

echar la culpa a mi.

– Ana, seguro que tu sabes algo.

– No se nada de nada. Yo estoy en otra habitación.

– Nuria, tu no le habrás dado...

– calla, calla yo no se nada tampoco.

– Seguro que Sara está al tanto de lo que pasa.

– Que va, que va. Se lo mismo que vosotras. Habrá sido

Pury...

– Yo???? JAJAJAJAJAJA

La cara de Susana era un cuadro, no entendía nada, solo que sus

amigas estaban con ella, decían estar en un hotel, para celebrar

su cumpleaños. Y es que según parecía hoy era su cumpleaños...

– Susana, ¿sabes que día es hoy?

– Creo que 25 de Enero, no?

¡¡¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!!

– Te hemos regalado una noche de hotel y spa por tu

cumple y llegamos anoche, llegaste muy cansada por lo

que parece, pero hoy lo vamos a dar todo. ¿Verdad

chicas?

– PORSUPUESTO!!!!!!!!!

Todas gritaban y cantaban cumpleaños feliz, mientras Susana sin

comprender mucho miraba por la ventana de la habitación del

hotel y vio pasar al Badi mitad perro mitad dragón y le sonrió.

Escuchó como el corazón de su querido amigo latía al unisono

que el suyo y le decía que nunca la abandonaría que a su lado

era muy feliz y pasara lo que pasara siempre la llevaría en su

corazón.

Fin.

Sara Soler López

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