jueves, 15 de enero de 2026

Suzanne y el dragón dorado

 PRÓLOGO

Narra la historia de una reina guerrera con su gran y fiel

compañero, que pese a no tener nada a lo que aferrarse, se

embarcan en una aventura de supervivencia extrema para llegar

a un lugar en el que los únicos supervivientes son la realeza a la

que ellos pertenecen.

Allí espera encontrar a su gran amor, su pequeña y valerosa hija,

la Princesa Rachelle.

Suzanne... Era una de las supervivientes a una gran catástrofe

mundial. Reina indiscutible de un extinto reino, en el cual mostró

su valía como mujer y como monarca, respetando las normas,

pero mostrando la valía de las mujeres al mundo. Cuando el rey

desapareció para no volver, tuvo que tomar las riendas y

renunciar a muchas cosas para sobrevivir.

Ahora, sin nada que perder, con mucha fuerza y valor. Buscará

un futuro mejor para los pocos que quedan en este mundo.

Su gran amigo Badi, un dragón dorado, valiente y fiel seguidor

de la reina, la acompañará en su viaje a sabiendas de que podría

ser el ultimo.

Sara Soler.

03/12/24

Voy a escalar

La torre Picasso

Como un titan

Sin miedo al fracaso

Esquivaré los disparos, la metralla

las balas y el fuego

para mirarte, uh, uh

A los ojos de nuevo.

Lucen las bengalas

viajamos hoy de madrugada

Ni llantos ni palabras

Redbull, memoria y mucha agua.

Mañana en la mañana

Madrid despertará en llamas

Fruto de esta rabia y de esta juventud

que ahora me falta

Voy a subir a lo alto

Levantaré tus brazos

y gritaremos juntos

"Hay que parar el mundo"

El plan está claro, quemar la torre picasso

El plan está claro, quemar la torre picasso

Hermanas y hermanos, quemar la torre Picasso

Hermanas y hermanos, quemar la torre Picasso

Arde Bogotá

La nada...

Ese sonido sordo, en el que no se escucha ningún ruido, pero la

espesa inquietud grita y se hace notar.

Ese miedo a abrir los ojos y no ver lo que antes habitaba frente a

mi. Esa sensación de que el vacío se cierne bajo mis pies.

Esa urgencia irracional por respirar de nuevo que me hace

boquear como un pez, pero no recibo oxigeno en los pulmones.

La nada...

¿Estaré muerta?, ¿puedo moverme?, ¿estoy sola?...

Badi... Ese dragón cabezota... ¿Estará a mi lado?

Sin poder abrir los ojos por el miedo, ni querer moverme,

consigo abrir una mano, moverla un poco a mi alrededor.

No toco nada... estiro un poco más la mano, pero no hay nada,

nada otra vez...

Reúno todo el valor que puedo tener en esos momentos y abro

un poco los ojos.

Una blanca y espesa niebla no me deja ver a mas de unos

centímetros de mi nariz, la luz intensa tampoco ayuda mucho.

Intento agudizar los sentidos para poder escuchar algo, alguna

respiración, algún movimiento, algún sonido que me indique que

no estoy sola.

Es imposible ver algo, como puedo, intento incorporarme

despacio, tocando poco a poco todo el suelo a mi alrededor.

Lo noto mojado y fangoso, pero parece estable.

Consigo ponerme en pie, intentando mantenerme estable, ya

que mi cuerpo tiembla sin control.

Noto algo caliente en mi vientre y se que no es nada bueno.

Me toco y miro la mano... Sangre, estoy herida, pero no me

siento mal, solo un poco temblorosa...

Sigo andando despacio, alargando los brazos como protección

para no chocar con nada. Realmente no se donde estoy.

Hacía unas horas estaba volando a lomos de Badi, mi fiel dragón,

pero un gran estruendo nos hizo caer y todo se volvió negro.

Parecía como si la tierra se hubiera partido en dos, dejando el

cielo a un lado y el mar al otro.

Un cataclismo nunca experimentado en la edad moderna.

– Badi... ¿Me oyes?, ¿estas ahí?

– Dragón precioso, si me estas escuchando haz algún ruido.

Mi voz sonaba temblorosa y sin aliento, pero aun así creo que

Badi me había escuchado.

Un golpe sordo hizo rebotar el suelo que pisaba.

– Badi

– Da otro golpe que pueda seguir el sonido.

– Badi, venga amigo, vamos.

– No puedo encontrarte si no haces mas ruido.

Otro golpe sordo se escuchaba más cerca, otro más y otro.

Mientras seguía avanzando iba escuchando los golpes y gruñidos

de mi querido amigo.

Badi, mitad dragón, mitad perro, podía volar y ladrar, pero hacía

unos meses había librado una batalla y cada vez que escupía

fuego perdía su ladrido.

Por eso nos dirigíamos volando a buscar a un medico hechicero

que me habían dicho podía curarlo. Pero el gran cataclismo nos

impidió llegar hasta allí.

Si no conseguía encontrarlo podría morir, no estaba

acostumbrado a estar mucho tiempo sin mi.

La soledad lo debilitaba.

Me acercaba cada vez mas a los golpes y gruñidos. Sabía que

estaba herido, porque si no ya hubiera venido corriendo a mi

lado, estaba herido o atrapado, algo debía pasarle.

De repente toqué su suave pelaje dorado y por fin pude llenar

los pulmones de aire. Estaba con mi querido amigo por fin.

Badi estaba herido al igual que yo. Pero me acurruqué a su lado

para poder darnos calor. Debíamos esperar que la niebla se

disipara un poco para poder ver algo. Así no conseguíamos ni

vernos cara a cara. Como pude localicé las heridas de Badi y

rasgue mi traje para poder taparlas un poco. Mientras le hablaba

noté su respiración mas pausada y supe que se había dormido

en paz y tranquilo.

Debía aprovechar para curarlo con mi poder de sanación, pero

no conseguía ver mi runa Berkana, que es la que me daba el

poder de creer en mi misma y en mis capacidades.

Sin pensar, la dibuje en el aire de manera ascendente y soplé

tres veces al mismo tiempo que decía su nombre.

– Berkana, fuuuuuhhhh

– Berkana, fuuuhhhhh

– Berkana, fuuuhhhhh

La runa se dibujo en la espesa niebla y abrió un poco la visión, la

luz cegadora bajó la intensidad y conseguí ver una especie de

bosque de abedules.

Miré a Badi, que por fin podía ver su silueta y poco a poco se me

acostumbró la vista a la nueva luz.

Mis manos se iluminaron y las posé en el lomo de Badi. Todo mi

amor y belleza interior se unieron para curar la fealdad y maldad

de las heridas de mi amigo. Lo amaba tanto que se curó en

cuestión de segundos.

Sabía que no podría hacerlo muchas mas veces, ya habíamos

librado muchas batallas juntos y lo había salvado muchas veces,

pero mi poder no era ilimitado, llegaría el día que Badi se

marchara para siempre.

La naturaleza no perdona y sin que podamos evitarlo a todos nos

llega el momento de partir.

Pero de momento, estábamos juntos y ya sentía como Badi se

despertaba.

– Badi, me escuchas?

– Badi, mueve el rabo si me oyes.

– Badi...

Poco a poco mi valiente y fiel dragón abrió los ojos y enseguida

me miró fijamente, bajó la cabeza en señal de agradecimiento y

se puso en pie. Lamió mi herida y me indicó con un movimiento

de cola que estaba bien.

– Vamos Badi.

– Tenemos que salir de aquí.

Me subí a su lomo y echamos a volar, íbamos despacio y con

mucha cautela, ya que la visibilidad era muy nula. No se veía

ningún signo de humanos, ni vida de ningún tipo, además casi

todo lo que conseguía ver a lo lejos parecía agua. Debía haber

habido un maremoto o algún tsunami, porque no había apenas

tierra firme.

Llegamos a un claro del bosque y aterrizamos. Alrededor solo

había inmensidad...

– Badi, no veo nada de vida.

– Debemos de haber sobrevivido por los pelos.

Badi asentía con la cabeza para darme la razón, pero en sus ojos

no veía nada de miedo ni cobardía por lo tanto eso a mi me

hacía sentirme mas fuerte.

Mi niña... Mis ojos se llenaron de lagrimas en un segundo. Mi

querida hija, la niña de mis ojos. La personita que un día me

colmó la vida de amor y me hizo completarme como mujer, me

hizo madre, amiga y confidente.

La princesa Rachelle...

Desde muy pequeña sabía que quería ser independiente y volar

por si misma. Había estudiado con los mejores profesores y sabía

de muchas cosas, pero sobre todo, sabía mucho del mar, su gran

pasión.

Me había prometido que volvería en un año, pero ya habían

pasado dos y desde su torre de cristal en medio del océano, se

comunicaba conmigo telepaticamente, me tranquilizaba, me

decía que quedaba poco para que volviera, pero yo sabía que

necesitaba estar allí y la apoyaba sin presiones para que volviera.

Teníamos una gran conexión mental desde que nació, gracias a

eso, siempre estaba tranquila cuando estaba fuera.

Pero ahora no conseguía sentir el cordón umbilical que las unía.

Debía concentrarse más y pensar en ella para poder conectar.

Estaba siendo difícil, pero debía seguir intentándolo.

Mientras Badi descansaba un poco, me senté en el suelo con las

piernas cruzadas y brazos extendidos.

Cerré los ojos, respiré tan profundamente como pude y mantuve

el aire en mis pulmones durante unos segundos, exhalé despacio

e intenté abrir mi corazón para llegar hasta mi hija.

No parecía funcionar, necesitaba hacerlo con más fuerza antes de

usar mi runa Berkana otra vez. Si la volvía a usar, corría el riesgo

de perderle para siempre, aunque me quedaba una opción...

Me volví a concentrar, cerré los ojos de nuevo, alcé la mano

derecha y dibujé en sentido ascendente la runa, tenía que

visualizarla en mi mente, hacerla consciente y tridimensional,

cogerla y cerrar la mano con ella dentro. Y aquí estaba...

Había conseguido materializar mi runa por primera vez.

Me quité el cordón que llevaba al cuello e introduje la runa

dentro y me lo volví al colgar al cuello.

Ahora si, empecé a notar su latido, su respiración, como siempre

desde que la llevé en mi vientre por primera vez. Estaba viva,

pero me necesitaba.

La runa nos guiaría a Badi y a mi hacia la princesa Rachelle.

Ya me quemaba el pecho, era tan intensa la energía que estaba

muy caliente, pero no dolía, era una quemadura que podía

soportar.

– Rachelle aguanta, vamos a por ti.

Como un rayo, Badi se incorporó y me subí de un salto a su

lomo.

Cogí el colgante entre mis manos y cerré los ojos.

Badi empezó a volar rápidamente como un rayo. Nada mas

veíamos agua, agua y más agua.

Era inexplicable como un mundo tan bonito y maravilloso, como

el planeta tierra se había convertido en un océano.

Probablemente solo había quedado sin agua uno de los picos

mas altos del mundo que es donde nos encontrábamos Badi y yo

y por eso habíamos sobrevivido.

Sin mirar atrás avanzábamos por la espesura del océano mas

grande jamas visto. Pasábamos territorios que hacía pocas horas

eran grandes ciudades y ahora estaban bajo del agua.

Torres de grandes rascacielos que apenas sobresalían unos pocos

metros del agua, antenas de telecomunicaciones asomando sus

picos, cantidades abismales de enseres flotando en el agua...

Todo era un caos tremendo, dudaba de que hubieran mas

supervivientes a parte de nosotros.

Yo solo pensaba en mi princesa, ¿estaría a salvo? La runa me

indicaba que estaba viva, pero que me necesitaba y eso era raro,

porque Rachelle, había sacado mis dotes de guerrera y rara era

la vez que me había necesitado. Pero estaba segura de que algo

le ocurría.

Agarraba el colgante de la runa para hacerle llegar mi presencia,

para que supiera que iba de camino a buscarla y estuviera mas

tranquila, pero la runa aun estaba un poco débil después de

haber curado a Badi, necesitaba coger mas fuerza. Estaba muy

concentrada en mis pensamientos para darle poder, pero aun así

debía dejarle un poco mas de tiempo.

Badi iba mas rápido que nunca, era rápido, pero ahora era

sobrenatural. Íbamos mas rápidos que un rayo.

Rachelle era su familia también, la había visto crecer y había

estado ahí siempre para el.

Llevábamos varias horas de viaje y ya empezaba a notar la fatiga

de Badi, teníamos que buscar un sitio para que pudiera

descansar.

A lo lejos vimos un gran barco semi hundido, eso nos serviría

para un rato. Así que toqué la oreja derecha a Badi y supo que

hacer.

Aterrizó suavemente encima del barco y a los pocos segundos se

durmió, estaba exhausto y yo tenía que descansar un poco

también.

A los pocos minutos empecé a escuchar voces, no sabía de

donde venían pero me sobrevino una gran incertidumbre.

El gran carguero en el que estábamos tenía casi todo el casco

hundido, pero una parte que era donde estábamos, estaba

suspendida en el aire y había una gran escotilla cerrada. Los

ruidos y voces venían de ahí.

Intenté abrirla como pude, pero estaba demasiado atascada, con

todas mis fuerzas y una palanca que encontré por ahí conseguí

abrirla.

Un fuerte calor y humo empezó a salir del agujero y gente

subiendo por la escalinata de la escotilla, gritaban de miedo y

alivio. Ayudé a los que pude a salir e intentaba pararlos para que

no cayeran al mar ya que el barco estaba inclinado.

De repente por el cambio de presión el barco empezó a hundirse

un poco más y sin darme tiempo a reaccionar no podía llegar

hasta Badi que estaba durmiendo profundamente.

– Badi!!!!!!!!!!!!

– Badi!!!!!!!!!!!!

– Badi!!!! despierta!!!! vamos despierta!!!!

Badi caía sin remedio al agua y yo resbalaba sin poder agarrarme

a nada, las personas que habían salido de la escotilla caían al

agua si no conseguían agarrarse a nada.

Mi corazón latía a mil por hora y no sabía que hacer, conseguí

agarrarme a algo y cuando pensaba que iba a perder a Badi

definitivamente, alzó sus alas de dragón y me engancho al vuelo

y salimos de allí a escasos centímetros del agua.

– Badi!!!! dormilón!!!, casi no salimos vivos de esta!!!!

– Te quiero mucho Badi, eres mi gran fortaleza en la vida.

– Gracias amigo por salvarme.

De repente la runa empezó a quemarme el pecho otra vez y supe

que por fin había recuperado su fuerza. Necesitaba su ayuda

para recuperar el valor y la confianza en mi misma.

Tenía que tener todas mis fuerzas a tope para poder llegar hasta

Rachelle, hubiera que hacer lo que hiciera falta, lucharé,

escalaré, saltaré ríos, mares, traspasaré incendios, todo lo que

haga falta por ella, pero también por Badi y eso el lo sabía.

No me había dado tiempo a ayudar a ninguna de las personas

que habían en el barco, irremediablemente no siempre puedo ser

una súper guerrera. Tenía el corazón encogido por la pena, pero

debía llegar a la torre cristal a por Rachelle.

Nos estábamos acercando al territorio de Cristal y estaba

empezando a llover muy fuerte y entre eso y la espesa niebla

casi no veíamos nada.

Sin verlo venir, un choque frontal con algo muy grande y veloz

nos hizo caer al inmenso mar.

Badi me agarró en el aire casi con medio cuerpo dentro del agua

y me volvió a subir a su lomo.

Nunca habíamos llegado tan lejos en ese territorio, pero Rachelle

en sus comunicaciones me dijo que era muy peligroso porque

había un gran monstruo asesino custodiando el valle y aunque

ahora era todo mar, probablemente era el con lo que habíamos

chocado.

Badi iba veloz pero con miedo, algo furioso nos seguía muy de

cerca y teníamos que encontrar algún sitio para poder

escondernos para verlas venir. Visualicé a lo lejos un pequeño

montículo que parecía ser la torre de una antigua iglesia en la

cima de la montaña, indiqué a Badi.

– Badi, dirígete a aquella torre. Allí nos resguardaremos

para ver que clase de monstruo nos sigue y saber como

podemos vencerlo. No nos quedan muchas fuerzas y

estamos empapados.

Badi sin pestañear se dirigió veloz al lugar.

Aterrizamos en una torre muy tenebrosa, desde lejos parecía

pequeña, pero al llegar nos dimos cuenta que la extensión era

bastante grande y con muchas salas, oscuras y sombrías.

Manchas negras y viscosas, recubrían todas las paredes y suelos

Creo que nos habíamos metido directamente en la guarida de la

bestia, no pude avisar a Badi...

Todo pasó muy rápido, no hubiera tenido oportunidad de actuar

aunque hubiera tenido fuerzas para defenderlo, pero un golpe

mortal sobrevino a Badi que en las tinieblas no pudo ni ver de

donde le había venido. Cayó al suelo sin sentido y con una

expresión de vacío que nunca había visto en el.

Ese asesino no tenía piedad ni miramientos, en un abrir y cerrar

de ojos salió del agua y de un zarpazo liquidó las pocas

esperanzas que me quedaban en la vida.

Nunca hubiera imaginado que tal aberración pudiera existir. Pero

sin embargo ahí estaba, mirándome con cara de asco, como si la

raza humana fuera un despojo que hubiera que desechar.

Mis manos estaban paralizadas, no pude tocar mi runa, ni para

salvar a Badi, ni para coger fuerzas para luchar por mi vida.

Todo mi cuerpo chocó contra la pared del golpe. Mis huesos

sonaron como un jarrón de porcelana al caer al suelo. Algo

caliente salía por mi boca, me había reventado. No tenía nada

que hacer contra ese animal aniquilador. Me agarró del cuello y

me lanzó otra vez contra el suelo y perdí el sentido...

Necesito despertar, mi reina me necesita...

Tengo que ayudarla, no puedo dejarla sola, ella confía en mi y

sufriría mucho si me pierde.

– Vamos perro flaco, despierta.

– Tienes que mover el culo hasta ella.

– Vamos!!!!!!

– vamos cobarde, muévete y despierta. No puedes dejarla

en la estacada, estará en peligro. Vamos pulgoso!!!!

Mueve el culo!!!!

– ella te quiere mucho, vamos...

Mi consciencia me despertó a empujones y vi a mi reina en el

suelo llena de sangre y moribunda. No pude controlar la rabia y

frustración y sentí una fuerza infernal en mi interior... Mi lado

draconiano salió a la luz sin avisar y miré al monstruo a la cara.

En un intento de sacarme del juego para seguir aniquilando a mi

reina, levantó sus garras y vino hacía a mi. Lo tenía a tiro y no

podía fallar. Cogí todo el aire que pude y solté mi fuego...

Lo calciné en cuestión de segundos y empecé a sentir el

cansancio extremo que me causaba el escupir fuego, poco a

poco y como pude llegué hasta Suzanne y me acurruqué a su

lado para poder descansar...

Abrí los ojos muy despacio, me quemaban las retinas con el sol

abrasador, no recordaba muy bien donde estaba ni que había

pasado. Miré a mi alrededor intentando situarme un poco, había

mucha claridad, parecía estar en una azotea en medio del

océano... El agua... vale, ya iba recordando un poco...

Habíamos sufrido una inundación... Rachelle... tenía que ir a

salvarla con Badi...

– Badi!!! Badíiii, ¿donde estas Badi?

Lo noté a mi lado, durmiendo plácidamente, estaba un poco

magullado y con su dorado pelaje manchado de sangre.

Me alarmé un poco, pero en seguida me dí cuenta que la sangre

era mía. Como siempre Badi, se había puesto tan cerca de mi

que se había manchado con mis heridas.

Conseguí levantarme no sin notar que tenía algún hueso de la

pierna roto, la pierna me dolía horrores y no podía andar. La runa

estaba ardiendo en mi pecho, la toqué y me dejé sanar... Acabé

levitando y notando mi interior lleno de paz. Pero en seguida la

inquietud me invadió, Rachelle...

– Vamos Badi, tenemos que irnos de aquí ya, casi estamos

cerca de Rachelle y nos necesita, cariño, vamos.

Pero Badi, no se movía. Supe que había derrotado el solo a la

bestia asesina con su lado de dragón escupiendo fuego, pero

cada vez que ese lado salía Badi sufría las consecuencias y se

quedaba sin voz y sin fuerzas.

Me quité el colgante de la runa del cuello y lo pasé por su

cabeza, tenía que hacer efecto. Debíamos salir inmediatamente

de ahí, no sabía si la bestia había sobrevivido y podría volver a

atacarlos, aunque la oscuridad de aquel sitio parecía haber

desaparecido y no había rastro de aquel monstruo.

En pocos segundos Badi se despertó, su lado perruno afloraba

muy fuerte cada vez que lo curaba con la runa, pero en esta

ocasión se me tiró encima a lamerme la cara como un cachorrito

que acaba de ver a su mamá después de unos minutos

separados.

El gran Badi, me rodeaba dando saltos y lamiendo mi cabeza,

estaba pletórico de alegría. Noté su entusiasmo y fuerza y sin

pensarlo me subí a su lomo y emprendimos el ultimo viaje para

llegar a Rachelle.

Estábamos pletóricos y había salido el sol, todo indicaba que las

cosas nos iban a salir bien. Teníamos que llegar a nuestra

felicidad, aunque el viaje esté siendo largo y bastante peligroso,

merecerá la pena por ver a la princesa.

Volábamos por encima de las nubes para evitar mas sustos y

aunque el cielo estaba despejado, queríamos evitar mojarnos por

la lluvia, Badi no debía sufrir mas y además no le gustaba estar

mojado.

Ya empezábamos a ver la torre de cristal y noté el entusiasmo en

Badi, aunque temía que algo malo le hubiera pasado a Rachelle,

porque hacía rato que no notaba la Runa, aunque podía ser que

estuviera descargada después de curarnos.

Llegamos cerca de la torre y descendimos hasta el suelo, no

podíamos acceder por aire, ya que la torre no tenía puertas ni

ventanas arriba, solo había un estrecho pasadizo al que se

accedía desde abajo. Menos mal que la entrada no estaba tapada

por el agua.

Accedí como pude yo sola, porque Badi no cabía y subí por las

angostas y vertiginosas escaleras de cristal.

Al llegar no vi a nadie, pero no parecía que el lugar estuviera

abandonado.

– RACHELLE!!!

– ¿Estas aquí? Mi niña, soy mamá. Badi y yo estamos vivos.

– ¿Donde estas?

– He notado tus llamadas, ¿estas aquí?

– Rachelle, cariño, Badi nos espera abajo, tenemos que salir

de aquí, sal de donde estés.

La inquietud me invadió de nuevo y el corazón me latía muy

fuerte, empecé a escuchar voces y a sentir como caía como en

una pesadilla en la que no puedes despertar y sientes que caes

por un precipicio... Ladridos y voces inundaban mi mente pero no

conseguía diferenciar de donde venían y si eran sueño o realidad.

Notaba humedad en la cara y mi cuerpo se movía como si tiraran

de el... Susana... Susana... despierta Susana....

Abrí los ojos y Badi estaba encima de mi lamiendo mi cara...

– Pero Badi, no eres un perro dragón, eres normal.

– Badi, como has subido hasta aquí.

– ¿Y esas voces?

– Badi? Estas raro...

Susana!!!! te quieres despertar dormilona!!! pero que sueño mas

profundo tienes!!

– Pero chicas!!! ¿que hacéis aquí en mi casa?

– ¿En tu casa?, estamos en el hotel thalasia para

celebrar tu cumpleaños.

– Que bebió esta anoche.

– A mi no me preguntéis dijo Bienve, yo estaba durmiendo a

las 20.30. Preguntale a Yolanda que ella seguro llevaba

sidra de su cesta de navidad en la maleta.

– ¿YO?? Pero que tonterías decís. Seguro que la Inma le

trajo tequila.

– Anda ya!!! la del tequila es Bea, dijo Inma.

– Si hombre, para una vez que no traigo tequila me vais a

echar la culpa a mi.

– Ana, seguro que tu sabes algo.

– No se nada de nada. Yo estoy en otra habitación.

– Nuria, tu no le habrás dado...

– calla, calla yo no se nada tampoco.

– Seguro que Sara está al tanto de lo que pasa.

– Que va, que va. Se lo mismo que vosotras. Habrá sido

Pury...

– Yo???? JAJAJAJAJAJA

La cara de Susana era un cuadro, no entendía nada, solo que sus

amigas estaban con ella, decían estar en un hotel, para celebrar

su cumpleaños. Y es que según parecía hoy era su cumpleaños...

– Susana, ¿sabes que día es hoy?

– Creo que 25 de Enero, no?

¡¡¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!!

– Te hemos regalado una noche de hotel y spa por tu

cumple y llegamos anoche, llegaste muy cansada por lo

que parece, pero hoy lo vamos a dar todo. ¿Verdad

chicas?

– PORSUPUESTO!!!!!!!!!

Todas gritaban y cantaban cumpleaños feliz, mientras Susana sin

comprender mucho miraba por la ventana de la habitación del

hotel y vio pasar al Badi mitad perro mitad dragón y le sonrió.

Escuchó como el corazón de su querido amigo latía al unisono

que el suyo y le decía que nunca la abandonaría que a su lado

era muy feliz y pasara lo que pasara siempre la llevaría en su

corazón.

Fin.

Sara Soler López

Siempre nos quedará Nueva York

 

He llenado tu tiempo vacío de aventuras y mas

y mi mente ha parido nostalgia por no verte ya

y haciendo el amor te he nombrado sin quererlo yo

Porque en todas busco lo salvaje de tu sexo, amor.


Hasta en sueño he creído tenerte devorándome

y he mojado mis sabanas blancas recordándote

En mi cama nadie es como tu

No he podido encontrar la mujer

que dibuje mi cuerpo en cada rincón

Sin que sobre un pedazo de piel


Ay ven, devorame otra vez

Ven devorame otra vez

Ven castigame con tus deseos mas

que el vigor lo guarde para ti...


Ay ven, devorame otra vez

Ven devorame otra vez

Ven castigame con tus deseos mas

que el vigor lo guarde para ti...










Orihuela 2002


Con sus suaves y ligeros pasos de salsa, Carolina se movía de un lado a otro de la habitación al ritmo de la música. Sabía que debía mejorar sus pasos, por eso practicaba cada vez que podía y tenia un momento libre. Entre los estudios de psicología, preparar el viaje a Nueva York y las clases de salsa no le quedaba mucho tiempo para nada mas.

Quería salir con sus amigas para desahogarse y sacarse de la cabeza todo el estrés, pero ni para eso tenía tiempo.


Su amiga Sara siempre estaba dándole la tabarra para quedar y era bastante insistente, así que por fin esa noche, no le había quedado mas remedio que practicar salsa mientras se maquillaba en su casa para salir a cenar con ella.


Habían planeado salir a un sitio en el que pudieran charlar un rato y tomar unas copas mientras escuchaban buena música y por eso eligieron un pub de la zona en el que siempre pasaban buenos momentos.

Carolina le contó sus planes de marcharse a Nueva York en cuanto acabara la carrera y establecerse allí, para practicar su altísimo nivel de inglés y con el tiempo montar su gabinete psicológico. Tenía muchas ideas, muchos propósitos y ganas de hacerlo. Estaba muy entusiasmada con la idea y Sara la apoyaba siempre en todo lo que quería hacer.

Aunque se puso triste porque Nueva York no estaba precisamente a tiro de piedra para quedar a tomarse un café, pero seguro que harían por verse y Carolina tenia que cumplir su sueño ya que se había esforzado mucho en estudiar y se lo merecía.

Estuvieron toda la noche planeando el viaje, viendo las fotos que Carol tenía del apartamento que iba a alquilar en unos meses, tenía unas vistas bastante malas de la ciudad, pero tenia claro que con alguna planta y una cortina bonita, estaría solucionado el problema. Sara no le veía ningún inconveniente al apartamento, era acogedor y bastante grande para ser Nueva York... Y Carolina siempre había tenido mucho gusto para la decoracion, así que seguro que le daría su toque especial y quedaría precioso. Pero si veía un problema bastante importante en el, que quedaba una habitación libre y Carol debía alquilarla para poder cubrir el altísimo alquiler.

Carolina pidió otra ronda de quintos de estrella Galicia y ya se le estaban achinando los ojos del alcohol, algo que siempre le pasaba y que a Sara le hacía mucha gracia.


  • Acabo de pensar una cosa. - dijo Carol.

  • Mal asunto... tu pensando bajo los efectos de la cerveza...jajajaja

  • No te mofes, que he tenido una gran idea.

  • A ver, desembucha Carol.

  • Ya te han dado el adelanto de la editorial, ¿no?.

  • Ehhhmm, pues si, me lo dieron la semana pasada.

  • Y supongo que puedes escribir donde y como te de la gana siempre y cuando entregues la novela a tiempo, ¿me equivoco?

  • No, estas en lo cierto, pero no estarás pensando en que yo...

  • SIIIIIIII. Justo eso Sara. ¡¡¡¡¡ Podrías venirte conmigo a vivir a la gran manzana!!!!!

  • Pero Carol! ¿Y como voy a pagarte el alquiler?, con el adelanto tendría para vivir muy poco tiempo en Nueva York.

  • ¿Pero no te van a dar el pago mas sustancioso cuando envíes el siguiente capitulo?

  • Si. Espero tenerlo listo en unas semanas...

  • ¿Y de cuanto dinero hablamos?

  • Bueno, pues... ehhmmm. Ostras Calorina!!!!!!!!!

  • NOS VAMOS A NUEVA YORK!!!!!

  • Brindemos por ello!!!!

  • Chin, chin!!

  • Salud pa mi pichin!!! jajajajaja


Celebraron durante toda la noche su decisión de irse juntas a Nueva York y al día siguiente ya estaban comprando el vuelo.


Los días siguientes Carolina se centraba en los exámenes finales y en preparar su gran aventura, mientras Sara escribía sin descanso para entregar a tiempo lo máximo posible de su novela, que sin que su amiga supiera nada, trataba de ellas.

La amistad, la juventud, las perdidas, desengaños y sobre todo las historias que habían vivido juntas desde que se conocían, eran la trama de una historia que había cautivado a la editorial desde el primer párrafo.


Un día a la semana intentaban quedar en su lugar de siempre para poder concretar cosas, cerrar el alquiler, rellenar papeles para el visado y además echar un ojo a los chicos que habían sueltos por el pub.


Ya les habían echado el ojo a varios que no dejaban de mirarlas desde que habían entrado.


Sobre todo, Carol, se había fijado en un pintilla de negro que era de los que le solían gustar. Con cara de bueno y pinta de Crápula.


  • que ojo tienes amiga, nunca te fijas en alguno normal, siempre en los mas pintas!!!!

  • Este me da buena espina Sara.

  • Claaaaaaroooo, clarooooo. Como siempre. Estoy empezando a pensar que no tienes ningún futuro como psicóloga...

  • Anda calla, que me gusta como me mira.

  • Ese no tiene pinta de saber bailar salsa Carol.

  • ¿Eso crees?

  • No es que lo crea, es que lo certifico si hace falta, jajajajaja

  • Es cuestión de averiguarlo...

  • Pero vas enserio?

  • Si, voy a averiguarlo...

  • pero oye!!!!no me dejes colgada

  • Estoy ahí mismo, ahora vuelvo.


Directa y sin mirar atrás, Carolina se dirigido a los dos chicos que no dejaban de mirarlas, uno de ellos tenía mirada penetrante y ojos bastante claros, ademas era el que mas cara de granuja tenía.


  • Oye tu. ¿Sabes bailar salsa?

  • Yo bailo lo que tu quieras morena...

  • Vale, gracias por la información. Ciao!

  • PERO GUAPA, ¿YA TE VAS?



Carol ya estaba partiéndose de risa volviendo a la mesa con su amiga, pensando en que ese chico era demasiado mono para parecer tan tonto. Seguro que debería darle la oportunidad de conocerlo, pero ahora iba a terminarse el quinto con su amiga.


  • Sabe bailar salsa?

  • No lo se, pero me ha dicho que baila lo que yo quiera, MOOOORENAAAA jajajajajaja

  • jajajjajaja Ayyyy dios mioooo


Escribió su mail en un papel y cuando salían del pub se lo zampó en la mano al granuja dejándolo balbuceando algo que no entendió.


  • Ciao pescao. Escríbeme si quieres algo.

  • Peerooo Morenaaaa.



Los exámenes acabaron, los capítulos se entregaron y el viaje estaba en marcha...

Las amigas estaban ansiosas por llegar a la gran manzana y por fin cumplir su sueño.


Acabaron el equipaje sin olvidarse de meter en el todas sus ilusiones y ganas de disfrutar de esa experiencia tan inolvidable para las dos.


Cuando llegaron al aeropuerto allí estaba el crápula esperando a Carolina. Todas estas semanas habían estado hablando y se habían visto un par de veces, aunque encuentros bastantes fugaces y cargados de nervios. Carol había averiguado que Javi no sabía bailar salsa, pero que aprendía rápido y algunas cosas mas sabia de el.


  • Hola morena.

  • Hola crápula. - Dijo Sara.

  • A ti no te decía, rubia.

  • Lo que yo te diga... un crápula.

  • Hola Javi, no esperaba que vinieras.

  • ¿Como no iba a venir para despedirme de ti? Me ha encantado conocerte y ojala no...



Carol, tapó los labios de Javi con un beso y no lo dejó terminar de decir lo que no quería oír. Se despidieron con un gran beso y abrazo cargado de promesas y ganas.

Pero Carolina cogió su maleta y a su amiga de la mano y se embarcaron hacía su nueva vida como siempre, sin mirar atrás.

Nada iba a estropear el plan maestro que tenían las dos para triunfar en N.YORK.




Una psicóloga de pacotilla y una novelista arruinada es lo que siempre decían el resto de sus amigos, pero ellas sabían que todo lo que tenían que hacer era perseguir su objetivo y llegarían a el, como fuera, mas tarde o mas temprano, pero lo conseguirían.


Llegaron a la ciudad tras interminables horas de viaje y las estaba esperando el agente inmobiliario que les alquilaba el apartamento ya que debían entregarle la fianza en mano al entrar al piso y les había ofrecido ir a buscarlas para llevarlas hasta allí.


Era un chico español, mas o menos de la misma edad que ellas y bastante serio. Aunque les transmitió confianza desde el primer momento que lo vieron, si, sobre todo Sara lo vio... bien mirado y requete mirado... vamos que le echó el ojo nada mas verlo.


El chico se llamaba Toni y casualmente eran de lugares muy cercanos, tanto en España como en Nueva York, porque el vivía en el mismo bloque de apartamentos en el que ellas se iban a instalar.

Las acompañó en un taxi mientras les explicaba todo al respecto del alquiler y dándoles las instrucciones pertinentes para que se sintieran como en casa.





  • Hemos llegado señoritas. Es el piso numero 12, las vistas no son muy buenas porque dan a un callejón, pero al menos entra luz y no dan a una pared de ladrillos.

  • Gracias por tu ayuda Toni, seguro que no tendremos ningún problema con el apartamento. Dijo Carol mientras subían en el ascensor.

  • Si así fuera, solo tenéis que llamarme vivo un piso por encima de vosotras, aunque en unos meses ya me vuelvo a España, pero seguro que en ese tiempo ya estaréis mas que acomodadas en Nueva York. Al principio es duro, pero en cuanto os mimeticéis con el entorno, veréis que es una ciudad increíble.

  • Gracias de nuevo, estamos deseando ver el apartamento.

  • Pues ya hemos llegado, os abro, os doy las llaves y os dejo que os instaléis. Este es mi teléfono, cualquier duda o necesidad, me llamáis. Recordad, estoy arriba, planta 13 apartamento 3.

  • Hasta ahora Toni, dijo Sara con una sonrisa de oreja a oreja.






Se despidieron de su guía y se quedaron solas en el apartamento un poco vacío y desangelado.


  • Ya estamos aquí!!!!!

  • Siiiiiii.


Las dos amigas se pusieron a elegir su habitación y a empezar a ubicar cosas, habían planeado ir a buscar tiendas de decoración y menaje para darle al lugar un toque mas acogedor. Era un apartamento muy bonito, recién reformado y muy bien decorado, pero impersonal. Así que como era pronto por la mañana, ya que habían viajado toda la noche, deshicieron las maletas y se fueron a buscar a Toni para que les diera las indicaciones.






Toni les indicó como ir a un almacén cercano en el que encontrarían todo lo que necesitaban y así fue, habían bastantes trabajadores hispanos e incluso españoles que les ayudaron en todo momento y estaban muy contentas. Incluso pudieron comprar comida para una buena temporada y se ofrecieron a llevárselo todo a domicilio.


Ya casi era media noche acabaron de colocar todo e instalarse, Sara abrió una botella de vino y cogió dos copas para empezar a relajarse las dos.


  • Carol, dejalo ya, mañana seguiremos. Tenemos que brindar por haber llegado hasta aquí y empezar nuestra nueva vida.

  • Si Sara, lo hemos conseguido.

  • Chin, chin!

  • Salud para mi.....

  • jajajajaja eso no es nada Neoyorquino...



Comenzaron una nueva vida, en la que cada una llevaba su rutina, Carolina se pasaba los días buscando clases de Ingles para perfeccionar el idioma, entregando curriculums por los alrededores ya que aún no conocía muy bien las zonas y las paradas de metro e incluso matriculándose en el máster que la había llevado hasta allí.

Sara, se dedicaba el día entero a escribir en el ordenador, no podía perder ni un segundo, ya que debía entregar la novela en breve y ya iba un poco retrasada.

Había interrogado a su amiga para que le contara que había sucedido con el crápula, bueno, con Javi, porque ya había subido de categoría y se le podía llamar por su nombre de pila. Aunque Carol había contado bastante poco, eso le había dado unas cuantas ideas para encauzar la novela. Pero no le había comentado nada a Carol sobre la inclusión de su historia en la novela, aunque le iba a dar un toque macabro y bastante negro... Pero como no se diera prisa en escribir y sacara mas ideas de su cabecita se iba a quedar pronto en la ruina e iba a tener que darle la razón a los que no confiaban en ella.


Carolina al contrario que Sara, se pasaba las noches en el ordenador hablando con Javi, mientras su amiga hablaba con el vecino que las había instalado y el cual se pasaba las noches con ella en el salón. Sus días de momento eran bastante monótonos, pero solo llevaban unas semanas cuando Carol decidió montar un gabinete de acompañamiento psicológico para hispanos, ya que en su bloque de apartamentos eran una gran mayoria. Acondicionó el salón y fue corriendo la voz entre sus vecinos, por lo que pronto empezó a trabajar casi todas las tardes.

El vecino pronto las dejó solas en la gran manzana ya que debía volver a España, había acabado su estancia en Nueva York y se fue con mucha pena porque habían hecho una gran familia los tres.


Sara se quedó bastante apenada ya que entre ellos había surgido algo mas que amistad, pero ahora la vida los llevaba por lugares diferentes.

Los días empezaron a ser mas largos para ella y se estaba planteando volverse a España aunque no le decía a su amiga nada para no agobiarla.


Pero un día de la noche a la mañana Sara le dijo que no podía mas y se iba. Hizo las maletas, hicieron una gran cena para despedirse de todos los amigos que habían hecho y al día siguiente se marchó. Carolina lo entendió aunque se quedaba sola en el piso, había hecho muchos amigos en el bloque de apartamentos y se sentía bastante apoyada, era una persona muy sociable y no necesitaba a nadie para perseguir su sueño. Aunque ahora iba a ir un poco mas agobiada con los gastos y debía encontrar a un compañero de piso mas pronto que tarde, e incluso buscar otro trabajo, aunque con el máster y las sesiones de ayuda poco tiempo iba a quedarle, pero seguro que encontraba una solución rápido. Y así fue.




Tomaba clases de salsa con una vecina cubana, trabajaba de camarera en un burguer y atendía a sus pacientes tres tardes a la semana. Podía vivir allí por el resto de su vida, cada vez estaba más integrada en la ciudad.


Pero un día todo cambió...



Ya había visitado todos los lugares que le interesaba ver, el empire state building, central park, times square donde compró chocolate en Hershey´s chocolate world, cenó en el hard rock café y fue a uno de los restaurantes mas populares Ellen’s Stardust Diner, donde los camareros van cantando los temas más famosos de los musicales de Broadway. Había visto muchos musicales de Bradway El Rey León, Hamilton, Regreso al futuro, Moulin Rouge, Wicked, Chicago y Aladdin. La preciosa quinta avenida, la catedral de San Patricio... No se había dejado nada por ver. Pero se acercaba acción de gracias y ya se empezaba a oler a navidad, por eso había pensado ver el encendido del abeto navideño en el rockefeller center.


Era 4 de Diciembre y hacía mucho frio en la ciudad, caía una fina lluvia que cada vez era más espesa y congelada, parecían minúsculos copos de nieve.

Carol llevaba su abrigo rojo tres cuartos, guantes de piel negros y un gracioso gorrito de lana gris con una borla arriba. Estaba pasando un feliz día, aunque sola porque casi todos sus conocidos estaban pasando las vacaciones en sus casas con las familias, ya que eran días festivos y muchos aprovechaban ya para pasar las navidades en sus lugares de origen.




Había un espectáculo preparado a las 19;00 horas y actuaba Suede en la ceremonia del encendido. Estaba emocionada porque era el grupo del momento y le gustaba mucho.

La actuación fue todo un show en el que la gente estaba eufórica y ella disfrutó muchísimo y llegó el momento del encendido.

Todo el mundo miraba para arriba, el enorme árbol se estaba iluminando con luces de millones de colores, inimaginables guirnaldas de formas increíbles, con grandes bolas de cristal con ilusiones ópticas dentro, santas enormes subiendo por sus ramas, elfos traviesos agarrados de sus pantalones e incluso la señora de santa preparando chocolate con mashmelos en una casita de madera que había a los pies del árbol se movía sin parar removiendo la olla.

Carolina estaba embelesada en tan ostentoso festín de colores, música navideña y muñecos animados, rodeada de gente alegre, niños riendo y saludando a Santa Claus, jóvenes celebrando, muchas personas bailando y sobre todo patinadores en la pista de hielo del rockefeller center, haciendo piruetas grandiosas o caídas muy graciosas.


Nunca había visto nada igual, estaba fascinada y mientras miraba arriba sin poder bajar la vista, empezó a pensar en su familia, sus hermanos, primos, padres, abuela, amigos, javi... Se le estaba haciendo un gran nudo en el estómago del cual no sabría deshacerse sin llorar. Así que sus ojos se humedecieron, su boca se contrajo y empezó a llorar sin poder hacer nada para evitarlo. No dejó de mirar la iluminada y alejada estrella que copaba el gran abeto navideño, mientras sacaba toda la tristeza, soledad, angustia y miedos que llevaba dentro, pero que nunca se permitía sacar a la luz, ella era muy fuerte y no le gustaba sentirse vulnerable.

Cuando dejó de llorar, se percató que un oscuro silencio se cernía a su alrededor.

Bajó la mirada y estaba sola, las miles de personas que había bailando, gritando, cantando y celebrando la llegada de la navidad, habían desaparecido de un plumazo, todas las luces de los establecimientos cercanos estaban apagadas y todo cerrado, e incluso el árbol estaba dejando de iluminarse poco a poco, se asustó mucho y pensó en cuanto tiempo había estado llorando sin percatarse de nada.

Solo vio a una señora con un gran abrigo de piel de astracán y un pequeño sombrero con una pluma y una redecilla que se aproximaba a ella, lo cual le causó un profundo desasosiego, buen aspecto tenía la mujer y venía directa a ella con una gran sonrisa y eso un poco la tranquilizó.


  • Hola Bonita, ¿te has quedado aquí sola?

  • Hola... No... estoy esperando a mi novio que viene por ahí.

  • Jajaja, Carolina, estas sola aquí y te he estado observando.

  • ¿quien es usted? ¿como sabe mi nombre?

  • Soy Paloma, tu no me recuerdas, pero he venido a echarte una mano. Solo tienes que confiar en mi..-




Paloma la cogió de la mano y llegaron a un gran parking totalmente vacío excepto por un coche que había aparcado.

Paloma abrió el coche y entraron las dos a el.

El viaje era extraño, estaba todo oscuro y Paloma iba muy rápido, ni siquiera se veía la carretera y Carolina estaba bastante asustada.

  • Solo confía en mi Carolina.

  • Vale, pero no corra tanto que no se ve la carretera.

  • Cierra los ojos un momento y ya habremos llegado.


Carolina obedeció a Paloma aunque algo asustada, pero sentía que podía confiar en ella.

De repente el coche paró y estaban frente a un apartamento de playa. Habían varias parejas de mediana edad dándose un refrescante baño en una piscina.



Bajaron del coche y se dirigieron hacía allí, pero parecía que las personas que allí habían no se percataban de la presencia de dos mujeres con abrigos y gorro en una escena tan estival.


Ante la cara de asombro de Carolina, Paloma le indicó que la siguiera. Se situaron justo delante de la piscina y se dio cuenta que una de esas personas era ella.

Bastante mas mayor, pero era ella. Se emocionó bastante al darse cuenta de que el viaje que estaba haciendo con Paloma era hacia su futuro, pero estaba inquieta porque no sabía si lo que iba a ver le iba a gustar.

De repente se fijó en que Javi, el crápula, estaba junto a ella y su amiga Sara con Toni el que las ayudó a instalarse en Nueva York estaban ahí también. Y sin duda, había otra pareja que no le cabía la menor duda de que era Paloma mucho mas joven, con otro chico que le sonaba, pero no caía en quien podía ser.

Un sonrisa se escapó de su boca, pero una nube negra se sitió justo encima de ellas y de repente estaba en una iglesia. Las imágenes que se sucedieron delante de sus ojos fueron muy dolorosas y Carolina se entristeció mucho, aunque realmente no sabía que estaba pasando, pero sabía que la perdida de un ser querido se escondía tras ellas.




Sin poder ni parpadear, estaban frente a una cama de hospital. En ella estaba Carolina con un bebé entre sus brazos, mirándolo con la mirada mas dulce que jamás había visto en alguien, Javi estaba junto a ella y de su mano había una pequeña niña rubia de pelo rizado, a la cual Carolina también miraba con la maxima ternura.

No pudo evitar las lagrimas y supo que iba a ser madre junto a Javi, se estaba impacientando porque no sabía a donde le iba a llevar Paloma y tenía miedo de su futuro. Es algo que siempre asusta, saber que va a ser de nosotros en el futuro, pero Paloma le estaba mostrando imágenes muy rápidas y casi no le daba tiempo a pestañear.


Un aire frio y húmedo la sacó de sus pensamientos, otra vez la mano de paloma la llevaba en volandas hacia una calle donde había un garito. Era la Gramola, aunque no estaba donde siempre, conservaba su esencia y olor característicos. Allí donde conincidio con Javi por primera vez y donde ahora cantaban en un gran escenario Sara y ella, con boas de color rosa y sombreros de lentejuelas plateadas. Habían mas amigas en el escenario, a las que hacía tiempo que no veía pero que habían compartido vivencias en la infancia.

Estaban Yolanda y Bea, además habían algunas mas que no conocía pero que las vitoreaban y animaban a seguir cantando.


Estaban brindando con chupitos y riendo, a Carolina se le volvió a poner otra sonrisa en su boca, sintiendo que echaba mucho de menos a aquellas personas a las que hacía tiempo no veía.


Sin poder ni reaccionar otra vez el sol y calor abrasador las introdujo en una tarde noche calurosa. Estaban frente a un gran espacio lleno de gente, la cual avanzaba haciendo cola hasta unas grandes instalaciones de ocio. Parecía un festival de verano, en el cual habían grandes escenarios que empezaban a llenarse de gente.


De momento se volvió a ver, con las mismas personas de la piscina de hacía unos segundos. Pero eran bastante mas jóvenes. Estaban bailando al ritmo de la música de Suede y estaban muy contentos todos, sonaba Thrash y de repente la gente se apartó de ellos, Javi se arrodilló ante Carolina y le sacó un anillo resplandeciente.

La música cesó y las palabras de Javi sonaron por los altavoces del escenario.


  • CAROLINA, ¿QUIERES CASARTE CONMIGO?


La emoción embriagaba los ojos de Carol del futuro y de la Carol del presente.

Se escuchaban aplausos, gritos y silbidos, y el grupo continuó con su canción de nuevo.


Carolina estaba muy emocionada y no soltaba la mano de Paloma. La miró ladeando la cabeza y le hizo ver que hasta ahí había llegado su viaje.


Se deshizo del fuerte agarre de su mano, le mando un beso soplado al aire y se desvaneció.

Sin querer que desapareciera Carolina empezó a llamarla y todo le empezaba a dar vueltas, se sentía como Alicia en el país de las maravillas cayendo por el agujero.


  • Paaaalooooomaaaaaaa. Paaaaloooomaaaaaaa.

  • Paaaaloooooomaaaaaaaaa. Paaaaloooomaaaaa.


Su voz sonaba con eco y muy lejana, estaba mareándose y no sabía que estaba pasando. A lo lejos vio a Paloma despidiéndose de ella otra vez.



Imágenes de Paloma mandando un beso, las de Javi pidiéndole matrimonio, las de la cama de hospital con sus dos hijos, las amigas cantando en un escenario, imágenes de ella triste mirando al infinito y las parejas disfrutando en la piscina, se sucedían en su mente tan rápidamente que ya no sabía que era realidad y que era ficción. Estaba entrando en un estado de trance del cual no sabía si iba a salir.



Todo paró......... Una nada silenciosa y oscura era lo único que sentía Carolina, sentía frio, hambre, sueño, cansancio, sed, alegría, tristeza...


Todo esto la había abrumado tanto que solo pensaba en una cosa. Si salía de esta, cogía el primer vuelo que hubiera a España, daba igual el precio o la hora, con tal de reunirse con las personas que amaba lo mas rápido posible.


Un gran estruendo la sacó del ostracismo en el que se encontraba y unos grandes fuegos artificiales explotaban en el cielo frente a sus ojos.


Bajó la cabeza y estaba frente al árbol de navidad del Rockefeller center otra vez... O quizá no se había movido de ahí en ningún momento y todo había sido fruto de su imaginación, mezclada con las bonitas imágenes del árbol y la navideña y melancólica música que de el salía.


La gente seguía aplaudiendo y gritando y los niños revoloteando a su alrededor. Respiró profundamente y supo lo que tenía que hacer en ese mismo momento.






Año 2024


  • Brindemos por nosotros.

  • !!!!Por nuestros planes¡¡¡

  • Porque todo nos vaya bien.

  • !!!Y que pronto estemos de festival otra vez¡¡¡

  • Chin chin!!!!!



Carolina, Javi, Sara y Toni, estaban brindando en un chic y bonito local de moda con luces de neón rosas, paredes blancas y negras, en el cual servían unos platos y cockteles de alta cocina.


Estaban viviendo la vida y disfrutando de los caminos por los cuales les habían llevado el destino.

Las dos amigas seguían siendo uña y carne, aunque la vida las había separado y juntado muchas veces siempre habían estado ahí la una para la otra.


En ese momento todas las imágenes del pasado pasaron por la mente de Carolina, Su pedida de mano en pleno concierto de Suede, el nacimiento de sus hijos, el viaje de las dos a la gran manzana, etc...

Supo que había cumplido su cometido en la vida y que no había aparcado sus sueños en vano.




Ademas, nunca era tarde para retomar las ilusiones y los retos, y la vida así se lo estaba enseñando.


Miró a su amiga y levantó la copa para brindar.

Sara ya sabía que rondaba por la mente de Carolina y sin dudar, alzó su copa también y brindaron las dos.


  • Siempre nos quedará Nueva York

  • Por supuesto.

  • Chin, Chin!!!

  • SALUD PA....

  • jajajajajaja



Fin.


















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